El concepto de “Madre” según los mexicas

Escultura madre mexica

Para los habitantes de TENOCHTITLAN el Universo (Omeyotl) estaba constituido por dos esencias que mantenían todo el perpetuo equilibrio y formaban una Dualidad Divina: lo femenino y lo masculino. Siendo la parte femenina (Omecacihuatl) del universo todo aquello que representaba el poder de la procreación y la parte masculina (Ometecutli) del universo todo aquello que representaba el poder fecundador. Por ello al Sol que es el gran activador de las energías celestes y terrestres se le consideraba un Padre y a la Naturaleza que es la generadora de los alimentos y la materia se le consideraba una Madre. De la union de ambos, Padre Sol y Madre Tierra nació el hijo Maíz y está familia divina formaba parte de la triada sagrada más importante dentro del sistema de creencias de los mexicah. Sin embargo, los mexicah no consideraban que el Sol fuera su padre ni la Tierra su madre, pues como ya se explico arriba, ambas divinidades eran padre y madre del maíz que era el “gemelo vegetal” de los hombres. Al contrario, los mexicah consideraban que su Padre y Madre era espiritual y le llamaron Ipalnemohuani, el “Creador Desconocido”, el único ser o Entelequia en el Universo con derecho a poseer naturaleza dual, femenina y masculina a la vez. Por ello le llamaron Tonantzin Totatzin que significa Venerable Padre Madre.

Tomando como base lo anterior, podemos afirmar que en el plano terrenal (Tlalticpac) eran las mujeres las representantes encarnadas de la esencia femenina del Padre Madre Universal o Gran Creador Ipalnemohuani y por ello mismos, eran vistas las mujeres como un puente al inframundo, pues se decía, que la vagina femenina era un portal al Mictlan o una extensión del Más allá, ya que de esa cavidad húmeda y oscura emergían los seres reciclados o reencarnados que venían a poblar la tierra en forma de “xilotes” humanos o bebés. Por todo esto, era para el mexica suprema obligación respetar y defender a sus mujeres o futuras madres, pues ellas, eran literalmente las sagradas puertas abiertas que permitían entrar a nuevos guerreros nonatos capturados y traídos a este plano terrenal mediante la sagrada procreación. Quizás por eso, las mujeres mexica o antiguas mexicanas al saber del poder y responsabilidad que llevaban consigo debajo de sus enaguas, respetaban y honraban ese canal hacia el inframundo (su vagina) y no hacían mal uso ni abuso de él al ser muy valioso tesoro y para no ofender a las Divinidades del inframundo que miraban al mundo terrenal desde el fondo de su vientre, la ventana del Más Allá.

Por ello Ser madre en TENOCHTITLAN, más que una alegría inmensa, era un honor al convertirse en sagrada colaboradora de la Creación.

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“A la gloria de esa antigua sociedad de grandes poetas, matemáticos, filósofos y guerreros que añoraban una vida entre Flores y Cantos y una muerte al filo de la obsidiana”

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