Motecuhzoma Ilhuicamina: “el flechador del cielo”

Motecuhzoma Ilhuicamina fue el quinto Huei Tlahtoani de Tenochtitlan y su mandato duró de 1441 a 1467

A la muerte del Señor Itzcoatl se nombró al valeroso Motecuhzoma Ilhuicamina como quinto Huei Tlahtoani mexica. Los electores fueron los miembros del Consejo Supremo (Tlahtocan) que estaba integrado por las personas mas prominentes de Tenochtitlan. Ilhuicamina era hijo de Huitzilihuitl, hermano de Chimalpopoca y sobrino de Itzcoatl. Contaba con 42 años cuando fue elegido como jefe de su pueblo.Este nuevo Huei Tlahtoani era un hombre profundamente apegado a sus creencias y un defensor de la religión mexica y no quiso ser consagrado como Huei Tlahtoani hasta no haber agradado a su Señor Huitzilopochtli capturando el mismo a enemigos de su pueblo para ejecutarlos en lo alto de los templos consagrados a la justicia divina. No obstante, los primeros años del gobierno de Motecuhzoma Ilhuicamina transcurrieron en paz, luego de las formidables campañas de conquista y pacificación del Anahuac que realizara exitosamente junto al ese entonces jefe Itzcoatl, por ello, Ilhuicamina aprovechó ese tiempo de superioridad mexica para poner mucho orden y concierto en todos sus dominios, así como para la construcción de nuevos templos en honor a las divinidades tenochcas.

Sin embargo, las pocas sublevaciones y traiciones que se suscitaron por aquellos años, Ilhuicamnina les dio castigo ejemplar, dando muestra de que no estaba dispuesto a consentir a que regresaran los tiempos en el que mexica fue sojuzgado por los pueblos vecinos.Las campañas militares de Ilhuicamina se enfocaron en salvaguardar conocimientos sagrados allá a donde estuvieran amenazados, fue así como desató la guerra contra los pobladores del Tepeyac que amenazaban el culto a Mixcoac que profesaban los matlatzincas o “señores de la red” y es por ello, que la estatua de esta deidad fue llevada del Valle de Toluca hasta Tenochtitlan para que fuera venerada de manera segura, lejos de los hostiles enemigos a su culto. Pronto quedo claro que, de momento, no existía poder humano que amenazara el dominio del pueblo mexica que se había sobrepuesto de la esclavitud para convertirse en los nuevos señores del valle; sin embargo, aunque la amenaza de los hombres parecía controlada, fue la Naturaleza quien puso a prueba la fortaleza de la Triple Alianza, pues en el año 1447 hubo una catastrófica inundación en Tenochtitlan debido a meses de fuertes aguaceros. Motecuhzoma muy preocupado recurrió a pedir consejo a Nezahualcoyotl quien era un gran ingeniero, para construir juntos una calzada en el lago de Texcoco para que sirviera de dique a la ciudad. Para este fin, Ilhuicamina ordeno a los pueblos tributarios aportaran gentes o materiales para la construcción de aquella magna obra, mientras los principales de Tenochtitlan dieron gran ejemplo de ponerse a trabajar y coordinar sabiamente a tanta gente que se empleo y trabajo con tanta asiduidad, que en poco tiempo y sobre un lago profundo se concluyo esa monumental construcción que sin duda fue una de las obras de ingeniería mas grandes del mundo antiguo, pues el dique tuvo 3 kilómetros de longitud dentro de la laguna y cerca de 12 en tierra firme, teniendo un ancho de más de 15 metros.

Muchos pueblos intentaron aprovecharse de la mala situación de Tenochtitlan a causa de la histórica inundación, pero el férreo mando de Ilhuicamina hizo que sus ejércitos se impusieran a los enemigos una y otra vez. Pero una vez más, no fueron los hombres sino la naturaleza quien hizo pasar estragos a los mexicah, pues luego de la inundación, unas fuertes heladas acabaron con las cosechas de maíz y una extraña epidemia de gripe causo numerosas muertes en Tenochtitlan. Pronto sobrevino una hambruna monstruosa en la ciudad mexica que se prolongo hasta 1455, pues tras las heladas de 1452 un nuevo reto golpeo a Tenochtitlan, una larga sequía. Motecuhzoma completamente afligido por su pueblo castigado por las fuerzas naturales mando abrir los graneros e hizo la distribución publica y gratuita de las ultimas reservas de maíz de la ciudad, consciente de que aquello pudo haber significado el final de toda esperanza. Sin embargo, los habitantes de Tenochtitlan en un acto de solidaridad a su gobernante, prefirieron comer hierbas, insectos y pececillos del lago antes que agotar las reservas de maíz. A raíz de esos anómalos eventos naturales, Ilhuicamina pensó que la Divinidad se encontraba irritada contra Tenochtitlan, así que emprendió nuevas campañas para capturar mas estatuas sagradas y llevarlas a Tenochtitlan para que fueran protegidas. Para ello estableció guerras de purga para llevar el mayor número de enemigos a la piedra de las ejecuciones a la gloria de las deidades guerreras. Entre los enemigos escogidos estuvieron Huexotzinco, Cholula, Atlixco, Tiliuhquitepec y Tecoac. La guerra fue llevada hasta los pueblos que practicaban hechicería y cultos contrarios a la moral guerrera de Huitzilopochtli, por esa razón, Ilhuicamina llevo sus ejércitos hasta la Alta Mixteca y la zona huasteca donde obtuvo victorias absolutas. A consecuencia de tales triunfos tan importantes, no solo las estatuas sagradas ingresaron a Tenochtitlan para ser custodiadas y así controlar su voluntad, también los tributos se vieron multiplicados procedentes de las nuevas regiones conquistadas. Solo así, fue apaleada el hambre y la mala fortuna que castigo a Tenochtitlan por casi 10 años.Con recursos nuevos y bastos, Ilhuicamina se aboco a la construcción de escuelas en todos los barrios y nuevos templos de enseñanza de las artes supremas. Una de las construcciones mas importantes que Ilhuicamina realizo durante su gobierno fueron la del Templo Mayor en honor a Huitzilopchtli, el templo de Yopitli y el gran Tzompantli. También se encuentra el acueducto de agua potable desde Chapultepec donde en compañía de su Consejero Tlacaelel realizo la siembra de muchos ahuehuetes y la edificación de bellos murales tallados en la piedra del cerro.

Para 1467, Motecuhzoma cayo enfermo del “mal de la muerte”, después de haber gobernado al pueblo mexica por casi tres décadas, tiempo mas que suficiente para haber convertido a Tenochtitlan no solo en un bastión de fuertes guerreros, sino también en el sagrado refugio de todos los Señores celestes.

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“A la gloria de esa antigua sociedad de grandes poetas, matemáticos, filósofos y guerreros que añoraban una vida entre Flores y Cantos y una muerte al filo de la obsidiana”

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