Cuitlahuac: “el que canta sobre el agua”

Cuitlahuac fue el décimo “Huei Tlahtoani” de Tenochtitlan y su mandato duro 3 meses de 1520.

Antes de que sucumbiera la gran Triple Alianza, hubo todavía incontables destellos del antiguo valor del pueblo mexica. Prueba de ello fue la heroica defensa de Tenochtitlan, que resistió los feroces ataques de los invasores durante 80 días de sitio inhumano antes de su capitulación el 13 de agosto de 1521. Uno de los hombres que cargo sobre sus espaldas esta sobrehumana prueba fue el décimo Huei Tlahtoani, el valeroso y leal Cuitlahuac. Este guerrero quien fuera también el Señor de Iztapalapa, mostró desde siempre una actitud hostil y distante hacia los europeos desde que éstos pisaron por primera vez con sus botas emponzoñadas las tierras de Anahuac. Entre las acciones bélicas que sostuvo Cuitlahuac como General del ejército mexica antes de ser designado como Huei Tlahtoani, la más sobresaliente fue la que llevo a efecto contra los mixtecas y zapotecas, donde libro grandes batallas, algunas de ellas donde evito que las tropas de la Triple Alianza fueran extinguidas en la batalla luego de días de cuantiosas perdidas frente a los enormes enemigos sureños. El prestigio de Cuitlahua como guerrero no se reducía a los límites geográficos de la Ciudad-Estado de Tenochtitlan. Durante la candidatura de Cacamatzin para ocupar el trono de Texcoco, fue el propio Cuitlahua quien le brindo su mas ferviente apoyo, aunque con tal conducta se gano la enemistad de Ixtlilxochitl el hermano de Cacamatzin quien también pretendía ocupar el mando del señorío acolhua. Sin embargo, basto el voto de confianza que Cuitlahuac profeso hacia Cacamatzin para el grueso de los ejércitos inclinara su apoyo a favor de Cacamatzin. Obviamente, nadie se atrevía a despertar la furia del ejercito mexica y contradecir las decisiones de su General Cuitlahuac, quien obviamente siempre estuvieron respaldadas por su hermano el Huei Tlahtoani, en aquel entonces, Motecuhzoma Xocoyotzin.

Pero sin lugar a dudas, la mayor prueba de firmeza de carácter y valentía de Cuitlahua fue su actitud indómita ante los invasores hispanos. Cuando se supo la noticia de que los “hombres extraños que habían llegado del mar” deseaban ir a Tenochtitlan, Motecuhzoma mando a reunir a su Consejo para discutir la postura que habría de tomarse frente a los extranjeros hostiles. Como resultado de la reunión convocada por el gobernante mexica surgieron dos bandos. Uno, apoyaba a Cacamatzin el Señor de Texcoco, quien opinaba que debería recibirse magníficamente a los europeos para que estos calmaran sus ansias de guerra. El otro, era afín a Cuitlahuac, que se manifestaba totalmente en contra de permitir la llegada de los intrusos. En un principio, el propio Motecuhzoma hizo caso a su hermano Cuitlahuac, pero echando mano de las ideas de Cacamatzin, envió a sus emisarios guerreros con obsequios y evasivas hacia Hernán Cortes. Pero este, sediento de poder y oro, lejos de desistir en su propósito de llegar a Tenochtitlan, tomo la determinación de invadir aquella deslumbrante ciudad y para ello se valió de los pueblos envidiosos del valle y que desde el inicio de la fundación de Tenochtitlan profesaron mala fe contra los mexicah y su civilizada sociedad. Irónicamente, los aplastantes triunfos del ejercito mexica fueron también la causa de su ruina futura, pues cada pueblo conquistado y pacificado era un nuevo enemigo, quien sabiéndose inferior al mexica y sujeto irremediablemente a su liderazgo, solo esperaba una ocasión oportuna para mostrarse contra Tenochtitlan, la ciudad que despertaba la envidia y codicia no solo del valle, sino del mundo hasta entonces conocido. Perversamente, Cortes supo usar a su favor esa situación política en Anahuac, para engañar a los pueblos que se le aliaron con la promesa de su liberación de lo que el considero el “tirano imperio azteca”, sin entender nunca, que era justamente Tenochtitlan, la ciudad lucero que dio orden y concierto a un Anahuac que se encontraba en franca decadencia antes de la llegada mexica y que estaba sometido por señoríos opresores, totalmente alejados de las sabias y honorables enseñanzas toltecas, luego de que la Tula del gran Ce Acatl Topiltzin cayera por allá del año 1000.Una vez que los hispanos llegaron a la región tlaxcalteca para fraguar una decidida y proscrita alianza con aquellas tribus semi-salvajes, los mexicah entendieron que ya era imposible impedir el encuentro entre Motecuzhoma y Cortes, entonces, el valeroso Cuitlahuac firme en su opinión, se dirigió al Huei Tlahtoani con estas palabras:

“Quiera nuestro dios que no metáis hermano en vuestra casa, quien nos eche de ella y os quite el mando, y que cuando queráis remediarlo, no halléis tiempo, ni medios para ello”.

Pero ya toda protesta era inútil. Cuando Cortes llego a Tenochtitlan, Cuitlahua fue exigido por el Consejo a recibirlos con buenos modos, para que en nada fuesen ofendidos, pues el plan trazado era hacer caer a los españoles en un exceso de confianza y llevarlos hasta una muerte segura una vez que estuvieran atrapados por su propio pie en el corazón de la gran ciudad fortificada. De ese modo, Cuitlahuac fue a quien le correspondió ir a la cabeza de la comitiva que dio albergue a los recién llegados en el palacio de Axayacatl y tiempo después, cuando el desleal Cortes se dio cuenta de la trampa mexica, se adelanto a los hechos y llevo a su cuartel a Motecuhzoma en calidad de prisionero y el Señor de Iztapalapa fue parte de los nobles que le acompañaban. Ciertamente, Cuitlahuac guardo sumisión ante las decisiones controvertidas de su hermano y el Consejo quienes buscaban una salida política antes que el uso de la fuerza militar, pero los actos desleales de los hispanos, hacían cada vez mas grande la agresividad y odio silencioso que Cuitlahuac sentía hacia ellos, y ya solo esperaba la inminente muerte de su hermano para actuar y mostrarse con toda su furia frente a los sucios invasores.

Finalmente el momento llego, luego de que los hispanos y sus aliados indios cometieron la indecible y atroz matanza de la Fiesta de Toxcatl en mayo de 1520, que culminó con la frenética batalla de la Noche Victoriosa del 30 de junio, en donde una vez muerto Motecuzhoma a manos de sus secuestradores, fue Cuitlahuac quien puso la cara en nombre de la nación mexica y organizo una contraofensiva descomunal que logro expulsar de la Blanca Ciudad a los intrusos y diezmar sensiblemente los ejércitos de Cortes. Aquella batalla se cuenta fue especialmente sangrienta, pues la ira contenida por meses de abusos por parte de los “huéspedes del Palacio de Axayácatl” llego a un punto terminal y exploto encontrando en Cuitlahuac el líder necesario para canalizar todo ese encono en un solo ataque que dejo sentir la valentía y el heroísmo al que era capaz de llegar el pueblo mexica, quien recobro su liderazgo de la mano de Cuitlahuac y su fiel protegido Cuauhtemoc al asestar un golpe mortal contra los odiados enemigos de Anahuac aquella memorable noche, donde de momento quedaron destrozadas las negras pretensiones de hispanos y tlaxcaltecas de tomar la orgullosa y avanzada ciudad, al grado que el llanto de impotencia salió de los ojos de Cortes en aquel mítico ahuehuete de Popotla en el que lloro al ver su criminal botín perdido.Luego de la moralizadora victoria y tras los funerales del martirizado Motecuhzoma Xocoyotzin, el héroe Cuitlahua fue coronado como Huei Tlahtoani, en una ceremonia que se llevo a cabo con singular sencillez, pues las circunstancias no lo permitían de otra manera. Una vez derrotados los invasores (de momento), ahora tocaba el turno de hacer lo propio con los pocos partidarios que dejo dentro de Tenochtitlan, por lo cual, los días siguientes a la expulsión de Cortes y sus huestes, Cuitlahuac se dio a la tarea de ajusticiar a los traidores que apoyaron al hispano a huir, siendo uno de ellos los nobles de Coyoacán, el Señor Cuauhpopocatzin. Por lo anterior, estallo una guerra civil entre los patriotas tenochca y los nobles desleales, aunque para fortuna de Tenochtitlan dicha revuelta fue rápidamente sofocada por Cuitlahua al dar muerte a varios cabecillas.

En las semanas siguientes, Cuitlahuac hizo de todo para recomponer a la Triple Alianza e incluso lanzo ofrecimientos de paz a los mercernarios tlaxcalteca, pero como era de esperarse, estos rechazaron la oferta mexica pues ya se preparaban al lado de los españoles para reiniciar la invasión. Aquel rechazo, no hizo mella en la alta moral de Cuitlahuac, al contrario, reforzo su sentimiento de desprecio contra aquellos que deseaban ver saqueada y sometida a Tenochtitlan y redoblo las fuerzas de su ejército, sin embargo, un arma secreta ante la cual no previo defensa Cuitlahuac ya acechaba a los mexicah… la guerra bacteriológica que lanzo el invasor para enfermar y matar a la población tenochca al envenenar los manantiales con la toxina de la “viruela negra” que trajeron consigo los invasores europeos. Pronto el mal se extendió por toda la población de Tenochtitlan y sus efectos devastadores no se dejaron esperar, gran parte de la población termino muerta y a causa de ello, el ejercito victorioso que expulso al enemigo, comenzaba a menguar al sucumbir miles de soldados frente a la mortal epidemia. Luego vino la hambruna, pues ya nadie tenia las fuerzas necesarias para ocuparse del campo ni de los enfermos de otros. El tiempo que actuó esta peste fue de 70 días y se dice que comenzó en Cuatlan y hacia Chalco se extendió. Al cabo de su paso devastador, la enfermedad dejo a la ciudad de Tenochtitlan prácticamente rendida y nuevamente sin Señor, pues el valeroso y fiel guerrero Cuitlahuac quien no supo sucumbir ante ningún enemigo, termino muerto por aquella pandemia llamada teozahuatl, que enveneno a la ciudad y se llevo consigo la vida de muchos guerreros y señores principales, dejando el destino de la Triple Alianza en las manos de Cuauhtemoc, un excepcional joven de 20 años, quien con el corazón en una mano y su lanza guerrera en la otra, supo tomar la responsabilidad de sustituir por la defensa de Anahuac, al gigante invicto Cuitlahuac, quien entre fuertes fiebres y llagas sangrantes, expiro como un valiente luchando por su vida a inicios de diciembre del 1520 aunque dejando en contra de su voluntad, luego de su fugaz gobierno de solo 150 días, a un pueblo digno y su gran civilización en agonía.

Según cuenta la tradición oral mexica, las ultimas palabras que el Defensor Cuitlacuac pronunció antes de sucumbir a la mortal peste que asoló a Tenochtitlan durante el asalto hispano-católico fueron:

“Salvar a Tenochtitlan en esta situación, es muy difícil; pero salvar la dignidad podrá salvarnos”

***

“A la gloria de esa antigua sociedad de grandes poetas, matemáticos, filósofos y guerreros que añoraban una vida entre Flores y Cantos y una muerte al filo de la obsidiana”

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