La mentira del sincretismo en la Nueva España

Lo que sucedio en el Virreinato de la Nueva España NO fue sincretismo religioso: fue PLAGIO y debacle espiritual

Quizás a muchos acólitos de la teoría del sincretismo católico con las creencias anahuacas les choque el titulo de esta publicación, pero no hay una definición mas aproximada para describir la realidad de lo que suecedio en Anahuac luego del año 1521: ¡falsificación religiosa!.En el México colonial y actual no sucedió ningún sincretismo de la fe hispana con la mexica, maya, chichimeca, etc., pues de haber sido así, en la misma ceremonia dominical se verían sobre el altar parroquial una figura de Tlaloc junto a la de San Miguel o se mostraría en las procesiones a pie, la cruz celeste del Nahui Ollin junto a la cruz del martirio de Cristo. Eso si seria sincretismo, donde ambos elementos se fusionaran para crear uno nuevo y distinto sin la preponderancia de alguna de las partes o en caso contrario, ambas doctrinas tendrían que mantenerse en estado puro pero juntas y armonizadas, como fue el caso del culto a Mitra-Helios-Apolo que compartieron persas, griegos y romanos que adoraron al mismo dios solar pero sin imponer al otro las formas y ritos propios, en cambio, aquí en la Nueva España el nombre y templo de Tonatiuh fue borrado y solo nos implantaron a su Dios Padre hispano y catedrales con estilo completamente europeo.

Por lo anterior afirmamos que ningún sincretismo sucedió, solo una impostora falsificación, pues en realidad, lo que Europa medieval y su iglesia vinieron a hacer a América fue PLAGIO, mutilación y usurpación de las creencias originarias para sustituirlas salvajemente por las formas vaticanas y montar encima de las ceremonias mexicah las fiestas necromanticas de Roma. Afortunadamente esa negra empresa oscurantista no logro su cometido, pues ni 5 siglos bastaron para extirpar de estas tierras la esencia y significado de las antiguas ceremonias anahuacas, antes es necesario extinguir al Sol o desaparecer a Venus, cancelar las lluvias o eliminar al maíz, pues todas y cada una de las principales ceremonias y fiestas religiosas del Anahuac eran y son celebraciones naturalistas, agrícolas y astronómicas. No fanatismo religioso. Punto y seguido.Por tanto, una de las obligaciones morales más urgentes de nuestra generación es la de erradicar de raíz la infección “oxidental” (occidental y oxidada) que rebajó y contaminó nuestra espiritualidad y Fiestas Sagradas Originarias anahuacas, las cuales eran coloridas, depuradoras y sabias Ceremonias festivas en honor a los Elementos de la Naturaleza, al preciado Maíz, al activador Sol, a la integradora Tierra y a las Fuerzas Cósmicas sustentadoras del Universo, todo ello celebrado cada veinte días en el esplendoroso y solemne recinto del Templo Mayor mexica como parte del trabajo ofrendado al Cielo y a la Tierra, a lo largo de un año por los antiguos mexicanos, agradeciendo con actos y “esfuerzo de los brazos” (y NO con solo rezos) al impersonal y desconocido Supremo Creador “Ipalnemohuani” por el regalo de la Vida (y de la “existencia-muerte”).

Sin embrago, esa bella y lúcida cosmovisión ancestral mexicana, fue usurpada por la iglesia invasora de occidente venida de Roma-Hispania quien sustituyó sin derecho alguno, el culto a lo realmente venerable (lo que nos da la vida), por un CULTO NECROTICO, donde solo hay cabida para venerar a personas muertas (léase “santos y santas”) y dónde se toma por reliquia no un manantial o un grano de maíz, sino partes de cadáveres humanos (cabellos, dedos, etc), algo totalmente abominable y errado por donde se le vea, pero siendo objetivos, ese culto necrótico (o Necromancia) llamado “catolicismo” es totalmente entendible, si se toma en cuenta que la Europa judeo-romana es la hija heredera del Antiguo Egipto, el imperio esclavista del desierto que ensalzaba a sus tiranos (faraones) como “seres divinos”, venerándoles por encima de cualquier otra criatura sobre la tierra y equiparándolos a la divinidad al llamarles “Hijos de los dioses”, dotandoles inmerecidamente de la calidad de ser los exclusivos intermediarios entre el cielo y la tierra (al igual que los Papas vaticanos). Estos gobernantes-sacerdotes egipcios exigían seguir siendo adorados aún después de muertos, prueba de ésto, es que no importando que costara incontables vidas y recursos, estos “Papas Faraones” ordenaban levantar con antelación a su muerte, tumbas personales y de dimensiones colosales (las famosas pirámides), más altas que cualquier otra construcción en el mundo hasta entonces conocido; ciegas y herméticas fortalezas donde los faraones pasarían la otra parte de su “existencia” ya convertidos en momias preservadas de la putrefacción para garantizar así, la perpetuación indefinida de la idolatría necrótica hacía su persona, en lugar de permitir el ciclo natural establecido por el cosmos donde los cuerpos de los hombres retornan a la tierra (al mismo lugar de donde partieron).

En contraste a la irracional realidad del auto nombrado Viejo Mundo (imperio romano) en la gran México-Tenochtitlan, los hombres no eran elevados a la categoría de descendientes de dioses, a lo sumo eran considerados maestros portadores de la verdad (los múltiples Quetzalcóatl). Todos en Anáhuac, incluidos los gobernantes y grandes Señores se asumían como simples mortales y mundanos servidores de la Divinidad, y la mejor muestra de ello aparte de la amplia colección de poesía nahua, es que entre los mexicah NUNCA existió la costumbre de levantar templos, ni estatuas, ni majestuosas obras en honor a ningún hombre, por mas prominente que hubiese sido éste en vida. Al contrario, todos los palacios, bellos patios y monumentos fueron edificados en HONOR AL COSMOS y a sus Cuatro Fuerzas Sustentadoras, terribles y benignas a la vez, pero siempre sabias.Es menester de los mexicanos del Siglo XXI, revertir el engaño (embrujo judeo-romano) y lavar el error que inició en 1521 tras la llegada espuria al poder de los invasores extranjeros, quienes reemplazaron violenta e ilegítimamente a los gobiernos justos e incorruptibles de los Antiguos Señores Mexicah, un episodio trágico que hizo posible que el catolicismo sobreviviera en los siglos posteriores a la Caída de Tenochtitlan, pues de no haber sido por la invasión y ocupación europea en el Cem Anahuac (America), el catolicismo no hubiese pasado de ser una débil secta cristiana enquistada en la Europa occidental, una religión que habría muerto pronto por su propia cerrazón y falta de sentido natural. Antes del 1521 no había un catolicismo poderoso y globalizado, pues el Islam (y a la fecha) le ha cortado los camino hacia Oriente y de nunca haber saltado Colón y sus huestes como peste a la otra orilla del mar Atlántico, Hispania y su religión necrotica no hubiese gozado del poder y fama mundial que ha alcanzado hoy dia, aunque sabemos, claro está, que la sobrevivencia de la religión judeo-romana o católica no se logró en base a méritos ni a actos de amor, sino gracias al plagio de la enseñanza de las antiguas escuelas, de las cuales torció el mensaje humanista original y lo trastoco a favor de su “Fe Verdadera vaticana” para intentar legitimar el adoctrinamiento salvaje que emprendió en su guerra de agresión a los 4 continentes en la mal llamada “evangelización del mundo”, un crimen y desmesura imperialista que mutilo la parte racional y emocional de cientos de millones de seres humanos de todos los colores y razas, a quienes les robo (no salvo) el alma y LES USURPO sus fiestas sagradas MILENARIAS para montar sobre ellas la decadente e inútil veneración a lo INERTE, subsistiendo así Roma y su religión, como un parásito gigantesco que vive de succionar la vitalidad de sus “nuevos fieles” (o mas bien, modernos esclavos egipcios).

¡Sagrado Maíz!, perdónanos porque tú pueblo mexicano fue engañado, le han hecho olvidar que somos los vivos y no los muertos (santos) los que realmente podemos crear los milagros.Ipalnemohuani!…

Tloke Nahuake!

***

“A la gloria de esa antigua sociedad de grandes poetas, matemáticos, filósofos y guerreros que añoraban una vida entre Flores y Cantos y una muerte al filo de la obsidiana”

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