Cuauhtemoc: “el que oculta el sol”

Cuauhtemoc fue el onceavo Huei Tlahtoani de Tenochtitlan y su mandato duró de 1520 a 1525:

Es curioso y pareciera obra del destino el hecho de que Cuauhtemoc ocupara el trono (icpalli) de Tenochtitlan al comenzar el mes de Panquetzaliztli, justo cuando se celebra la fiesta de Huitzilopochtli el Señor guerrero; como también es extraña la “coincidencia” de que el valeroso Huei Tlahtoani que habría de vivir la caída de su ciudad, llevara el nombre de Cuauhtemoc, que en castellano significa lo mismo “águila que desciende” u “ocaso de sol”. Un misterio muy grande era la forma en que los antiguos mexicanos daban su nombre a los hombres al nacer, acaso sellando de alguna manera el predestino que habrían de tener.Antes de ser proclamado Huei Tlahtoani, Cuauhtemoc ocupaba el cargo de sumo sacerdote, puesto que desempeño durante el fugaz gobierno de Cuitlahua. Según la historia, Cuauhtemoc era un joven en extremo valeroso de aproximadamente 20 o 25 años de edad. El propio soldado Bernal del Castillo lo describió de esta manera:“era buen gentil hombre y muy esforzado; y se hizo temer de tal manera, que todos los suyos temblaban ante el”Existen dos versiones acerca de su origen, algunas fuentes señalan que Cuauhtemoc fue hijo del Señor de Tlaltelolco y otras indican que fue hijo del Señor Ahuizotl, lo que si es seguro es su línea materna a través de la princesa Tlilalcapatl quien fue hija de Axayacatl. De ahí que Cuauhtemoc fuera sobrino de Motecuhzoma Xocoyotzin y Cuitlahua.

Ya siendo líder de Tenochtitlan, el joven Cuauhtemoc se dedico con esmero a resolver los múltiples problemas que asediaban a su pueblo. Primeramente, destituyo de su cargo y mando ejecutar a todos esos nobles que se mostraron simpatizantes de los españoles y que les brindaron ayuda para escapar de la celada de la Noche Victoriosa el 30 de junio de 1520, entre los traidores se encontraban los nobles de Coyoacan en la figura del Señor Cuauhpopocatzin. Luego de la depuración al interior de su gobierno, Cuauhtemoc se ocupó en buscar alianzas con otros pueblos para fortalecer su menguado ejercito a causa del veneno y epidemia de viruela negra que trajo el español. Una de estas embajadas marcho rumbo al territorio tarasco, pero Zuangua, el señor purépecha se negó a prestarle ayuda a Tenochtitlan argumentado que cada quien debería pelear su territorio; respuestas semejantes escucharon los enviados mexicah en otros señoríos y lugares. Caso contrario al bando invasor hispano-tlaxcalteca, quienes a su paso encontraban por doquier aliados dispuestos a saquear y tomar posesión de la Blanca Ciudad tenochca. Fue de ese modo, que Cortes logro reunir un gran ejercito que triplicaba en numero a las diezmadas pero valerosas tropas de Cuauhtemoc. Entre los pocos pueblos leales que aun conservaron su dignidad y defendieron al Anahuac a lado de los mexicah fueron los tlahuicas de la región de Cuauhnahuac (hoy Cuernavaca) y por occidente con los matlatzincas del Valle de Toluca; así mismo por el norte recibieron ayuda de Cuauhtlalpan en la región de Cuauhtitlan y Huehuetoca.Los primeros de frentes de guerra que a Cuauhtemoc le toco combatir contra los invasores fueron Tlacopan contra Pedro de Alvarado, Coyoacán contra Cristóbal de Olid y Gonzalo Sandoval en Iztapalapa. Obteniendo al principio grandes victorias pese a la inferioridad numérica del ejercito mexica. Caso notable la Batala del Cerro de la Estrella en 11 de enero de 1521 donde Cuauhtemoc dio gala de su genio militar logro envolver y llevar a las tropas hispanas hasta un terreno hondo, para luego, con la señal de un sonido de caracol marino (atecocolli) mandar romper los diques de los lagos de Xochimilco y Chalco provocando con ello, una gran ola e inundación que literalmente se trago al ejercito invasor que nada pudo hacer contra el aplastante golpe del agua del cual Hernan Cortes, apenas logro salvar la vida de manera milagrosa en aquella trampa mortal que le tendió el líder Cuauhtemoc al inicio de las contiendas. Tras varias demostraciones de su superioridad como estratega, Cuauhtemoc rechazo una y otra vez las ofertas de paz de Cortes convencido que con su valeroso ejercito y honorable dirigencia habrían de salir avante de aquella descomunal prueba.

No obstante, la valerosa actitud de Cuauhtemcoc costo muy caro en la guerra, pues el genocida Cortes mando a destruir los acueductos de agua que abastecían a la ciudad, llevando a la población de Tenochtitlan a una verdadera catástrofe humanitaria. Aquello inclino la balanza del lado invasor, pues aunado a la pandemia que no dejaba de causar estragos, en cuestión de meses la inferioridad numérica de las fuerzas mexicah se hizo cada vez más evidente. Sin embargo, Tenochtitlan nunca decayó en ánimo y demostró que eran un pueblo de guerreros infatigables que seguían defendiendo su nación noche y día sin importar lo extenuantes que resultaran las batallas contra los tumultuosos enemigos, a los cuales, a pesar de todo les propiciaban muchas bajas a pesar de encontrarse en franca desventaja. Varias veces cayo preso Hernan Cortes por las tropas mexicah, pero eran tantos los aliados del hispano, que estos mismos lo liberaban a mitad de camino rumbo al centro de Tenochtitlan donde lo aguardaba el navajón de obsidiana de Cuauhtemoc junto a la piedra del degolladero en la cima del Templo Mayor.Cuauhtemoc, consciente de la crisis profunda a la que estaba entrando Tenochtitlan, mando a evacuar de la ciudad a todos los ancianos, mujeres y niños para que únicamente quedaran los hombres en disponibilidad de lucha, ya sin distinción de clases y con el único objetivo de sostener la ciudad. Una vez que la población vulnerable salió de la ciudad rumbo a los refugios aliados (entre ellos la sierra de Ajusco-Chichinahuztin y la zona montañosa de Guerrero), Cuauhtemoc mando a destruir las calzadas y accesos a la ciudad para evitar que nadie mas saliera o entrara y así mantener bajo control a su ejército el cual no dio tregua al invasor con guerrillas nocturnas. Luego de semanas de heroica y estoica resistencia, ya no hubo poder humano que lograra contener al gentío inmenso que luchaba del lado de los invasores. Cuando finalmente cayo el fuerte del Tepeyac, la ciudad Tenochtitlan quedo totalmente sitiada por el enemigo. La posibilidad de escapatoria para lo último que quedaba de la nobleza mexica en la ciudad estaba extinguida.El día 16 de junio de 1521 Cortes ordeno el asalto masivo a la ciudad mexica. Los indios aliados cumplieron con el encargo de quemar casas, destruir templos y palacios y hurtar todos los objetos de oro que encontraran a su paso, para entregárselos a sus amos hispanos. Cuando Cortes calculo que los mexicah estaban a punto de sucumbir, envió una embajada a Cuauhtemoc quien se negó a pactar la paz y ya continuaba la lucha desde el ultimo reducto que le quedaba en el islote de Tlaltelolco.Finalmente, el 13 de agosto de 1521, Cuauhtemoc y el Consejo mexica decidieron poner fin al sufrimiento de la ciudad, pues ya no había capacidad de respuesta militar, luego de tan grande mortandad causada por las fuerzas enemigas.

Se calcula que, durante la guerra, murieron cerca de 40,000 guerreros del bando español y cerca de 240,000 mexicah. Cuauhtemoc tuvo que tomar la dura decisión de poner fin a la resistencia armada y dar inicio a una larga resistencia moral e espiritual que encomendó al nuevo pueblo mexicano, mismo mensaje que esta contenido en el famoso Ultimo Mandato que emitio el Supremo Consejo antes de que Cuauhtemoc entregara la ciudad al invasor. No obstante, Cuauhtemoc quiso hacer uso de su último recurso según la moral de guerra anahuaca y a bordo de una canoa fue en busca de Cortes para retarlo a un duelo cuerpo a cuerpo para de alguna manera salvar la dignidad o incluso cambiar el curso de la contienda. Según la tradición oral tlahuica cuando Cuauhtemoc fue apresado y llevado ante la presencia del genocida Hernan Cortes le dirigió estas palabras:“Señor Malinche, he hecho cuanto cumplía en defensa de mi ciudad y pueblo, y vengo por fuerza y preso ante tu persona y poder, toma ese puñal en tu cinto y mátame con el si puedes”.Un reto al que naturalmente el cobarde capitán invasor rehuyo, pues siempre estuvo acostumbrado a dirigir las batallas detrás de las gruesas filas de indios aliados que le protegían, de tal suerte, que tener el valor para enfrentar en un duelo igualitario al valiente y poderoso guerrero Cuauhtemoc era algo impensable para el oportunista castellano. Fue así como Tenochtitlan quedo rendida ante los ejércitos invasores quienes hicieron un festín caníbal y una masacre inenarrable con los pocos sobrevivientes de la ciudad sin que los propios españoles pudieran detener la sanguinaria actitud de sus indios aliados. Cuauhtemoc quedo preso por los siguientes 5 años, sufriendo en carne propia torturas físicas y psicológicas a las que el hispano le sometía para que este revelara la ubicación de los tesoros mexicah que fueron escondidos antes de la caída final. Fue Cortes quien llevo consigo a Cuauhtemoc a sus expediciones invasoras en la zona maya mostrándolo como trofeo, sin embargo, la voluntad del joven líder mexica jamás se quebró pues albergaba la esperanza de rearmar sus ejércitos o tener audiencia con el Señor de Castilla Carlos V para denunciar y deponer a Hernán Cortes quien en nombre de aquel señor rey había cometido atrocidades y crímenes innombrables al grado de hacer desparecer poblaciones enteras y arrasar ciudades milenarias.

Fue en febrero de 1525 frente a las costas de Acallan en el actual Tabasco, que Cortes cometió la cobarde decisión de mandar decapitar a Cuauhtemoc y los frailes europeos confesores de Craslos V que protegían al Huei Tlahtoani puesto que sabían de sobra los crímenes del capitán hispano. Según recoge la historia, así le hablo Cuauhtemoc a su asesino antes de que este hundiera su puñal en la carne de su victima atada de pies y manos:“Oh Señor Malinche, días que yo tenía entendido y había conocido tus falsas palabras, que esta muerte me habías de dar, pues yo no te la di cuando entraste en mi ciudad de México, ¿Por qué me matas sin juicio?, ¡el gran dios te lo demande!”400 años del esplendoroso y potente legado mexica desde la salida de Aztlan hasta la Invasión a Tenochtitlan, fueron interrumpidos por bárbaros europeos que únicamente estaban mas adelantados en el arte de destruir ciudades y matar hombres. Pero sabemos en base a nuestro sagrado conocimiento azteca, que el tiempo es circular y que lo alguna vez fue, otra vez será, sabemos que los tiempos del renacimiento de Tenochtitlan vendrán y que con ella una nueva estirpe de hombres valientes y honorables nacerá. Por ahora hemos guardado 500 años de silencio por la caída de la “Blanca Ciudad a mitad de las aguas”, pues así como existió un Cuauhtemoc al cual le toco ocultar el sol, habrá otro valiente señor mexicano a quien le tocara el turno levantar el sol, en el alba del Nuevo Amanecer de Anahuac por venir…

Mexica Tiahui!!!

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“A la gloria de esa antigua sociedad de grandes poetas, matemáticos, filósofos y guerreros que añoraban una vida entre Flores y Cantos y una muerte al filo de la obsidiana”

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