¿Día de Cristóbal Colón o de “Cristo-Baal Colon-izador”?

Cristobal Colon era judío y su misión fue buscarle al pueblo del “Dios Baal” un nuevo lugar tras su expulsión de la Península Ibérica en 1492.

Las tres carabelas en las que navegara Colón hasta el “Nuevo Mundo” (América) están estacionadas en el puerto de Palos. Es la noche del 2 de agosto de 1492. Colón, permanece de pie en el muelle supervisando personalmente cómo van entrando a los tres barcos sus últimos marineros y demás tripulación para la expedición. Sin embargo, los barcos zarparan hasta el día siguiente, por la mañana del 3 de agosto, pero extrañamente Colon ordeno que todos y cada uno de los tripulantes se hallen a bordo antes de la diez de la noche del día anterior.

¿Por qué ordena Colón a TODOS los que viajarían con el, que se embarquen la noche anterior? ¿Por qué supervisa personalmente que su extraña orden se cumpla?, ¿Cuál es su preocupación, a que obedece tan extrema diligencia?

Lo que hace TAN inusual la instrucción de Colon de tener a su tripulación embarcada desde una noche antes, con los barcos aun anclados en el muelle, mismos que no zarparan sino hasta el mediodía siguiente (3 de agosto), es que la regla de la “gente de la mar” es pasar la noche EN CASA a lado de su familia hasta el último momento no habiendo necesidad de apurar las cosas, pero aquella vez no fue así, los marineros y tripulación de Colon durmieron dentro de los barcos aun amarrados a los postes del Puerto de Palos, con la gente ahí pernoctando hacinados en los barcos y sin regresar a tierra, y todo ello, al menos 12 horas antes de que estos zarparan.

Pero esa rara prisa en el protocolo de los navíos de Colon tiene una explicación mayor y lógica. Por decreto, los reyes católicos Isabel y Fernando, emitieron la orden que desde la medianoche o inicio del 3 de agosto de 1492 NINGÚN JUDÍO debería hallarse en el territorio hispano. Entonces, no queda duda, “la Pinta”, “la Niña” y “la Santa María” llevan a bordo a los judíos que pudieron pagar su “salvación”, pues Cristóbal Colon, conocido hombre de origen judío pacto con los monarcas católicos” para que se le permitiera llevar consigo a sus correligionarios en su viaje en busca de “gloria” (oro y poder), acatando de ese modo la histórica “expulsión de los judíos de la Península Ibérica” y al mismo tiempo, recreando un Nuevo Éxodo que emulara al que el viejo Moisés hiciera hace miles de años, cuando junto a su pueblo salió del tiránico Egipto rumbo a la Tierra Prometida… pero esta vez, no era Palestina el objetivo, sino la Atlántida de Platón: la vieja América.

Un Nuevo Éxodo judío no contado sucedió en el año 1492, pero no fue un anciano sabio de larga barba quien guió a su pueblo hacia la liberación, lo fue un traficante y un mercader vulgar de nombre Colon; ni tampoco hubo necesidad de “abrir el mar” para llegar a la otra orilla de la tierra para así escapar de la persecución de un faraón, pues este Nuevo Éxodo no era liderado por un “hombre con dones sobrenaturales” capaz de hacer obedecer a los elementos y retirar las aguas del fondo, ahora, la expedición era guiada por un hombre con “ambiciones desmedida” al cual le bastaron tres carabelas echadas a la mar para llegar a su destino. Ni tampoco, el viaje duro 40 años dando círculos dentro de un “desierto eterno”, solo algunos meses en línea directa hacia el Paraíso terrenal que habría de ser rebautizado como América, un paraíso que termino en llamas una vez que las emponzoñadas botas de Colon y sus prófugos tocaron la otra orilla de la Gran Mar, en donde al igual que en la época bíblica unos hombres llegaron a reclamar para sí mismos y su “dios imaginario”, las TIERRAS HABITADAS por otros hombres que nunca imaginaron que habían vivido por miles de años en “una tierra prestada”, “en una tierra que nunca les perteneció” y en “una tierra que un dios había prometido y reservado para otros hombres”, eso fue el Nuevo Éxodo, el inicio de la VERDADERA Primer Guerra Mundial, de cuando por primera vez Europa, América, Asia y África entraron en una confrontación de magnitudes apocalípticas que hoy recordamos los mexicanos como la “Invasión y Destrucción del Cem Anahuac”, una empresa vil y mezquina llevada a cabo por hombres fanáticos y sedientos de oro, quienes justificaron cada uno de sus inhumanos e indecibles actos contra la POBLACIÓN ORIGINARIA DE AMÉRICA, bajo un supuesto “derecho divino de Conquista”, que no es otra cosa que un cobarde pretexto para meter al Cielo en los sucios negocios de los mundanos, para reclamar como propias y exclusivas las tierras que solo conocen a un único Dueño: el VERDADERO CREADOR DE TODO. El que siembra y cosecha al Universo.

En suma, es la empresa invasora del judío Cristóbal Colon de 1492, de un modo u otro, la segunda parte de la vergonzosa historia de la expulsión de los judíos en Europa, misma historia atroz, cuyos negros capítulos siguientes fueron protagonizados por personajes no menos dañinos y OSCUROS, pues a la destrucción inicial que Colon, el “Cristo de Baal”, ocasionara en su paso por el Caribe cual negro huracán, le siguió la espada y cruz genocida de los hispanos al mando de Cortes en su incursión en la tierra firme mesoamericana, la traición a su raza y la dejadez ignominiosa de los mercenarios tlaxcaltecas, para finalmente, ser puesto el ultimo clavo que sello la “Destrucción del Paraíso”, cuando los anglosajones y sus ejércitos de piratas, trajeron sus logias que impusieron “gobernantes títeres” para aprovecharse de lo ultimo que quedo en pie de nuestro Sagrado y Doliente Anáhuac, luego de 500 años de agonía.

Que se oiga por los Cuatro Vientos: ¡¡¡Hoy 12 de octubre es un día de LUTO MUNDIAL!!!

Hoy los mexicah, los americanos, conmemoramos el inicio de la Verdadera PRIMERA Guerra Mundial, no hay nada que festejar y todo por reconstruir.. pero aquí estamos los nuevos mexicanos, los renacidos “hombres y mujeres DE MAÍZ” del siglo XXI que han venido a poner las manos y el corazón para levantar esta “milpa caída” que es nuestra querida Anahuac.

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“A la gloria de esa antigua sociedad de grandes poetas, matemáticos, filósofos y guerreros que añoraban una vida entre Flores y Cantos y una muerte al filo de la obsidiana”

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