¿Fue la Matanza de Tlatelolco un sacrificio ritual?

Imagen de la represión a manifestantes el 2 de octubre de 1968 en Tlaltelolco

Esta nueva entrega no se ocupará en abordar las consecuencias sociales del complejo conflicto político que concluyo sangrientamente aquella tarde del 2 de octubre de 1968 en la “Plaza de las Tres Culturas”; tampoco intentamos en este escrito tomar partido por alguno de los dos bandos que protagonizaron aquella negra disputa entre las fuerzas del gobierno masónico del entonces presidente Diaz Ordaz y sus muy numerosos opositores comunistas reunidos en aquel masivo e histórico mitin en Tlaltelolco. Respetuosamente nosotros nos ocuparemos en este ensayo de la parte que nos toca hablar, es decir, de lo que conocemos bien, pues por extraño y raro que llegara a sonar, aquella distante pero aun vivida “Matanza del 2 de octubre” coincidió exactamente en un DIA EXTREMADAMENTE SAGRADO dentro de la cuenta del ultimo Calendario mexica que dejara instaurado Moctezuma en el mítico año de 1507. Es ahora que nos preguntamos, ¿quién al interior del sistema conoce el calendario real de los mexicah y lo usa para desconocidos propósitos a espaldas del pueblo?

Sabemos de antemano, que nada en este mundo terrenal es producto de la casualidad, todo está relacionado como un entramado de petate. Sí, la Matanza de Tlaltelolco sucedió en un día de elevadísimo SIMBOLISMO RITUAL azteca y eso no puede ser aceptado como un producto de la mera coincidencia, máxime que el lugar donde se desarrollaron aquellos trágicos sucesos de la matanza de opositores comunistas, fue justamente en donde alguna vez estuvo levantada la gran Teocalli de la capital mexica de Tlaltelolco.

Pero, ¿por qué aseguramos que la matanza de Tlaltelolco sucedió en un día sagrado mexica?, pues bien, la explicación es la siguiente: aquel año de 1968 al igual que este año 2020 se trato de un año azteca “8-Pedernal”, y por tanto, basados en la mecánica numérica mexica, aquel 2 de octubre de 1968 al igual que hoy 2020, fue un día azteca regido bajo el sagrado signo del NAHUI-OLLIN (4-Movimiento) que para un año 8-Pedernal cae siempre en el día 20° de la veintena de Ochpaniztli, que es la sagrada fiesta mexica de la cosecha del maíz, la restitución del sustento divino y el final simbólico del tiempo de las aguas o “Xopan”.

Símbolo azteca del Nahui-Ollin

Todo esto mencionado hasta ahora, descansa en la certeza matemática, pues apegados al mecanismo cíclico calendario mexica, las “energías-cielos” se repiten cada 52 años, es decir, tienen que pasar 52 años para que una misma fecha mexica se repita, y desde aquel 2 de octubre de 1968 a este 2 de octubre de 2020 han pasado exactamente 52 años (4×13), o lo que es lo mismo un “Ciclo Cósmico nahua” (Toxiuh Molpilli) que es cuando el calendario sobrenatural azteca o Tonalpohualli regido por las esencias invisibles, se sincroniza nuevamente y converge en un mismo “tonalli” (dia-energia) con el calendario natural Xiuhpohualli regido por las fuerzas naturales y su máximo potenciador el Sol. Por tanto, la próxima ocasión en que se repetira la sagrada fecha Nahui-Ollin en el día de la Fiesta de Ochpaniztli será en el futuro 2 de octubre del 2072.

Llegados a este punto del escrito, quede claro que la motivación del mismo es no dejar indiferente al lector acerca de la velada verdad de que el derramamiento de sangre combatiente que dejo aquel 2 de octubre “día de la matanza”, sobre las gradas de la antigua Tlaltelolco precisamente en un día mexica “Nahui-Ollin” de Ochpaniztli (Fiesta a Quetzalcoatl y su consorte Cihuacotal) constituye algo más que una “interesante coincidencia”, pues siendo suspicaces esto puede ser el claro indicio de que consciente o inconscientemente, alguien o “algo” desde el poder político, conspiró para que aquella ofrenda de sangre y fuego de 1968 sucediera en el lugar exacto y en el día exacto de manera PREMEDITADA. Si esta realidad, tremenda e insospechada, hasta aquí expuesta es aceptada como el resultante de un PLAN RITUAL político y no obra del azar, entonces, eso significaría que la “cúpula gobernante sectaria” desde hace mucho tiempo, conoce y usa secretamente el “Calendario Cósmico” de los antiguos mexicanos (los mexicah), mismo saber ancestral que OCULTA a las masas ignorantes, mientras se jacta de ver como el vulgo se entretiene con los calendarios inventados, postizos y falsos que los infiltrados del sistema a todos los niveles, han venido difundiendo desde hace siglos (y contando).

Podríamos seguir hablando extensamente de las “inesperadas sincronías” existentes entre las fechas de eventos históricos modernos y los días sagrados dentro del Calendario ritual mexica, pero para muestra basta con citar la fecha de la expropiación petrolera cardenista de 1938, la cual sucedió un “18 de marzo”, que es justamente el día del “Año Nuevo” del Calendario solar de Tenochtitlan. No obstante, reservemos ese extenso e intrigante tema para después y regresemos a la fecha que nos atañe, 2 de octubre, y la razón por la que el día “Nahui-Ollin” (que es el cuarto día de la trecena del Jaguar) era tan importante para Moctezuma y su pueblo, pues dentro del pensamiento azteca la relación divina Espacio-Tiempo era regida por el gran integrador de todas las energías de la Naturaleza que es el Sol y es precisamente “Nahui Ollin” el nombre ritual o calendárico del Sol y por ello, era ese día muy sagrado por excelencia y considerado como el más propicio para realizar ofrendas a la “energía solar”, como así lo estableció el propio Moctezuma, quien a decir de los textos del fraile Sahagún, puede asegurarse que el Huei Tlahtoani profesaba un gran culto al dia Nahui-Ollin a tal grado que en dicha fecha ofrecía gotas de su propia sangre al Sol y solicitaba a su pueblo devoto realizar penitencias como se muestra en la siguiente cita del Códice Florentino:

“… atle vel inexca, urne vitz, quitoa. Yntla oquichtli cao Tlamaz, anoio iaomiquix ui iuh quitoaia, ca tea mozcaltia in tonatiuh, ie muchi ttacatl tlamaceoaia”
“… (en ese día) nada estaba claro, pues podía caer hacia dos lados. El hombre podría tornar cautivos o morir en la guerra. Con esto se alimenta y crece el Sol, se decía, y por eso todos hacían penitencia”.

Tal devoción al signo del Nahui Ollin por parte de los mexicah, no debe resultar extraño si se toma en consideración que según los viejos mitos aztecas fue precisamente en un día “Nahui Ollin” (4-Movimiento) en el santuario de Teotihuacan, cuando fue creado el Sol o Era actual y sería igualmente en un día “Nahui-Ollin” cuando habría de ser destruida nuestra civilización humana actual por orden de la Divinidad, para colocar en sustitución a un nuevo astro rey (Nuevo Sol) que gobernaría a la renovada humanidad. Es debido a su calidad de máximo regente de las energías naturales y el curso del tiempo, de donde deriva la importancia del “Nahui-Ollin”.

Cerramos esta breve aportación, dejando en claro que el Sol (Tonatiuh, “el que va alumbrando”) y su “tonalli” o “nombre calendárico” Nahui-Ollin, eran el centro mismo del pensamiento religioso de Anahuac, tanto de los toltecas, teotihuacanos y de los mayas, y en el caso mexica, era Huitzilopochtli, la Fuerza Combativa, su representante en la tierra y por tanto el Señor patrono de Tenochtitlan y al que se referían sus fieles como “Aquel que portaba el ropaje de plumas amarillas”, que en sentido metafórico significa, que se vestía de sol.

Así pues, era el Sol el único reloj válido en el México antiguo que marcaba el ritmo de las Eras humanas en la Tierra (o Tlalticpac) y por eso mismo, era un tesoro sagrado que los “Cuatro Tezcatlipocas” (negro, rojo, blanco y azul) se arrebataban alternadamente en una lucha perpetua, generando con esas disputas los Cuatro Movimientos del Sol o el Nahui Ollin, que en la época de Tenochtitlan, se decía estaba en poder de Huitzilopochtli, el soberano celeste en turno que reinaba sobre el palacio solar que es Tonatiuh, el Sol, la casa celestial más preciosa y venerada después de la inasequible morada del Topan, la Habitación del Creador Supremo, allá en el último y más alto de los 13 cielos.

Solo el tiempo nos dirá si aquel derramamiento de sangre del 2 de octubre de 1968 bajo el sagrado signo del Nahui-Ollin fue un mensaje de auxilio enviado a ese último cielo que supera a la Existencia misma, o todo lo contrario, se trató de una llamada oscura al último de los inframundos, el Mictlan.

***

“A la gloria de esa antigua sociedad de grandes poetas, matemáticos, filósofos y guerreros que añoraban una vida entre Flores y Cantos y una muerte al filo de la obsidiana”

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