El mexica fue el “pueblo conquistador” perfecto

Solo quien conoce y ama verdaderamente algo lucha por protegerlo con la razón o con la fuerza, el pacifismo ante la adversidad es una postura cuando no suicida, si de inmoral indolencia ante la miseria humana. Fue el azteca-mexicatl, el pueblo antiguo que se asumía COLABORADOR del Supremo Creador y consciente de su tarea, comprometió sus esfuerzos y consagró su vida para “evitar que el Sol se detuviera” lo cual metafóricamente significa “impedir el mundo cayera en decadencia o en la oscuridad”; por ello desde muy temprano en su historia, el Pueblo de Huitzilopochtli entendió que la guerra mas justa y noble solo es aquella donde el enemigo también era salvado. Por tanto, es licito afirmar que cuando las “águilas y jaguares” mexicanos se lanzaban a la batalla, era en primer lugar para defender a su sagrado país y poner a salvo su mayor tesoro sobre la tierra, es decir, a sus mujeres e hijos; pero una vez que el peligro era contenido y los enemigos quedaban a raya o neutralizados POR LAS VALEROSAS armas mexicah, los Señores de Tenochtitlan no se detenían a esperar que el enemigo recobrara fuerzas y pasaban a la contraofensiva, pero siempre con la firme intención de “salvar al enemigo de si mismo” (es decir, desterrarlo de su propia ignorancia).

Es por esa razón, que Tenochtitlan se gano la fama de ser un BUEN VENCEDOR que respetaba a sus conquistados, pues en sus casi 200 años de historia NUNCA destruyo ciudad alguna, ni extermino poblaciones enteras, ni mucho menos atropello las creencias de sus adversarios ni les hacia un mal mayor una vez que obtenía la victoria militar de manera merecida, pues a pesar de contar con los mejores y mas disciplinados guerreros de su época, Tenochtitlan no abusaba de su superioridad y solo enviaba al campo de batalla a una fuerza semejante y equilibrada a la de su rival en turno, para evitar una innecesaria masacre. Mienten quienes dicen que los mexicah eran tiranos y opresores, pues Tenochtitlan nunca dejo sin aceptar un ofrecimiento de amistad y a sus pueblos aliados que reconocieron su liderazgo (tanto en el ámbito social como intelectual) siempre los trato con los mejores honores, solo cuando era ofendido y atacado el bastión donde “vivían de pie los hombres”, era cuando los Señores Mexicah decidian que las formas refinadas de negociar y los regalos amistosos entre reinos debían dejarse de lado y era el momento de dar cabida a que las “armas dialogaran”.

Es al contrario, los mexicah llevaban el progreso y la ciencia de Aztlan allá a donde batallaban y ofrendaban la vida sus valientes guerreros. Era el mexica un verdadero conquistador y no un INVASOR, pues a cambio de la paz, el solo exigía un TRIBUTO JUSTO a sus conquistados, mismo tributo que luego repartía de manera sabia, pues cada producto y material se concentraba en la aduana mercado de Tlaltelolco y desde ahí, por ordenes de Consejo gobernante era enviado a los estados que mas lo necesitaban dentro de las 38 regiones de su gran Confederación. Una actitud diametralmente opuesta a la forma europea de guerrear, que no actuaba en defensa propia, sino que alevosamente invadía sin justificación real a pueblos desprevenidos y una vez conseguida la victoria, los exterminaba, derribaba hasta el ultimo de sus templos sagrados y luego les imponía a sangre y fuego su religión fanática para así asegurarse que en cuerpo y mente sus nuevos esclavos quedaran encadenamos indefinidamente a su yugo imperialista. En resumen, podemos decir que aquellos que terminaban conquistados por el pueblo progresista de los azteca-mexicatl, a la postre, experimentaron una mejora palpable en su sociedad, tanto económica como mentalmente, y fueron justamente los enemigos acerrimos de la Triple Alianza, los que nunca superaron el atraso tecnológico y moral que tenían respecto de la confederación mexicana, pues nunca entendieron que la ayuda que neceistaban estaba dentro de las fronteras de Anahuac y no fuera de ellas (Europa).

Apegados a la verdad, se sabe que pueblo guerrero y sabio de Tenochtitlan nunca destruyo templo enemigo alguno (solo quemaba los techados en señal de victoria pero no los demolía), ni borro del mapa ciudad alguna, ni arraso pueblos enteros hasta dejarlos deshabitados, ni mucho menos se metió ruinmente contra las mujeres, ancianos o niños de sus enemigos (de hecho existía la pena de muerte para aquel guerrero mexica que violara a una mujer o hiciera prisionero a un niño de la ciudad rival), era tan ética la forma mexica de hacer la guerra y gobernar a sus vencidos, que no se supo de la imposición del culto a Huitzilopochtli fuera de Tenochtitlan y a lo mas que llegaba el conquistador azteca, era tomar la efigie del “dios” de los derrotados para llevarla al esplendoroso y digno Templo de Coacalco (Casa de los dioses hermanos) en el Templo Mayor, donde permanecía resguardada y venerada por los propios mexicanos quienes incorporaban todas esas “divinidades extranjeras” en su panteón divino. Por si fuera poco, los Señores de Tenochtitlan amistosamente permitían fueran visitados “los ídolos” por sus fieles originales para que estos pudieran hacerles sus fiestas anuales sin ser molestados; esas costumbres mexica son a todas luces es la manera perfecta y universal de congeniar espiritualmente con los pueblos recién conquistados, algo que dista mucho de la irracional y denigrante actitud “oxidental” de insultar y erradicar los cultos de otros pueblos que considera “paganos” y no contento con destruir dichas efigies y estatuas sagradas de manera salvaje, a lo poco que quedara de la antigua religión se empeñaba con saña en distorsionarlo con elementos ajenos y contaminantes, hasta reducir el viejo culto a una burda y mala copia, algo que malamente el eurocentrismo llama “sincretismo católico” cuando en realidad no es mas que plagio religioso y mutilación espiritual de los pueblos invadidos.

Quede aquí este texto que aporta mucha luz para entender que el pueblo de Moctezuma y Cuauhtemoc nunca se aparto del camino recto de la ética y la moral ni aun en el acto mas bajo (y necesario) que forma parte del orden cósmico, la GUERRA: aquello que es capaz de sacar a relucir, al mismo tiempo, lo mejor y lo peor de los pueblos humanos.

***

“A la gloria de esa antigua sociedad de grandes poetas, matemáticos, filósofos y guerreros que añoraban una vida entre Flores y Cantos y una muerte al filo de la obsidiana”

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s