El mexica es la perfección del tolteca

El mexica es la perfección del tolteca: es un sabio que sabe guerrear hasta el final.

Sabemos que mucho “indio malinche” y patrañero eurocentrista se llena la boca afirmando que por belicosos los mexicah se ganaron a pulso “el desprecio de sus vecinos”, pero lo real y comprobable en las fuentes históricas y códices, es que los habitantes de Tenochtitlan NO ERAN UN PUEBLO HOSTIL impulsado a los campos de batalla por motivos imperialistas, sino más bien, fueron un valiente pueblo minoritario, RESTAURADOR y DEFENSOR del antiguo Equilibrio Universal (de Anahuac) que parecía perdido para siempre luego de la caída de Tollan en el siglo XII; por lo anterior, es lícito afirmar que los mexicah fueron el contrapeso de los verdaderos enemigos de Tula y nunca vieron en la guerra un “deber divino” de tener que matar en nombre de los “dioses” como pregonan las lacras desinformadoras, sino todo lo contrario, los aztecas vieron en la guerra la ÚNICA alternativa real de sobrevivir y resguardar el Conocimiento tolteca en medio de un mundo agresivo y en decadencia que siglos atrás despreció la bella sabiduría y el pacifismo del viejo Maestro Ce Acatl Topiltzin (el ultimo Quetzalcoatl); en definitiva, para los posteriores siglos XIII y XIV el Anahuac NO daba señales de regeneración y el gran valle central estaba siendo dominado por reinos dirigidos por brujos tiranos y habitado por poblaciones franca decadencia moral y mental, y fue precisamente el civilizado mexica quien llego para poner nuevamente muy alto la Escuela de Anahuac y una muestra de ello, es la excelsa obra de la “Piedra de los Soles” un portento de la ciencia, religión y filosofía antigua, labrado y concebido por únicamente manos mexica y que se trata a la fecha de la OBRA COMPENDIO y CUMBRE del Anahuac por excelencia, ejemplos como este sobran para dejar en claro de manera indiscutible que ningún otro reino o pueblo contemporáneo en la región central de Mesoamerica hizo palidecer la superioridad aplastante de la Triple Alianza, quien por DERECHO PROPIO Y MÉRITOS, luego de ser un pueblo con hambre y esclavizado por indígenas retrogradas, se ganó ser la cabeza dirigente de la mitad del Nuevo Mundo y el elevado precio de ello fue sacrificar en batalla a sus mejores hombres para mantener a raya a los decadentes que ambicionaban volver a dominar el sagrado Valle de Anahuac, pero felizmente, esos “pobres pueblos victimas del yugo mexica” se toparon con “la fuerza de las armas” de la recta humanidad que habitó a la gloriosa Triple Alianza, las mismas armas que no alcanzaron a defender a la bella Tula de los mismos oscuros linajes enemigos que tiempo después asolaron a sus herederas: la Tenochtitlan del valeroso Ilhuicamina y el Texcoco del gigante Nezahualcoyotl.

Ningún hombre verdaderamente culto y bien informado podrá negar jamás, que efectivamente los mexicah nacieron como nación teniendo que soportar las guerras, atrocidades y tiranías que otros pueblos cometieron contra los “leales a Huitzilopochtli” desde el inicio de la peregrinación del año 1064 que culmino con la fundación de Tenochtitlan en 1324, casualmente esos mismos pueblos que hostilizaron y esclavizaron a los peregrinos aztecas (vease Matanza de Chapultepec) fueron a la postre los que se aliaron al barbarico invasor europeo y hoy día, en los libros de historia oficialista nos hacen pasar a esos traidores por victimas, cuando no son mas que pueblos que actuaron como mercenarios del invasor y que una vez que los mexicah los superaron en todo sentido y les regresaron “los buenos tratos vecinos” que recibieron sus abuelos aztecas en el pasado, el negro destino hizo coincidir a los envidiosos enemigos de Tenochtitlan con un deleznable aliado extranjero, y fueron justamente los mismos esclavistas y hechiceros que durante 70 años contuvieron los Señores mexicah a quienes no les importo vender al Anahuac a precio de baratija y corrieron a los brazos de sus “libertadores barbados”. Hipocresía les sobra.

Defenderte y resistir a tus enemigos nunca será sinónimo de Culto a la Guerra, es a la inversa, es el Culto a la Paz y así lo entendieron los sabios dirigentes de la Triple Alianza, quienes no acostumbraban atacar primero ni mucho menos por sorpresa o por la espalda, sino solo responder de manera ejemplar y contundente a las agresiones vecinas; por tanto, si se insiste en hablar de un Culto a la Guerra Sagrada en el siglo XVI, es mejor que miremos a otra latitud (a Europa), pues los únicos que hicieron guerra de invasión y exterminio para hacer cumplir la “misión santa de su dios tribal” o su “rey divino” fueron los hispanos-romanos y los anglo-sajones.

“El enemigo es interno” (en ambos sentidos) y ha sido el asaltante “oxidental” quien ha sabido sacar gran botín de ello durante estos últimos 500 años, pero el tiempo es un circulo y la inevitable purga llegara, los signos están a la vuelta, que nadie se de por sorprendido… o por la Razón o por la Fuerza, Aztlan-Tenochtitlan sera restituida otra vez.

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“A la gloria de esa antigua sociedad de grandes poetas, matemáticos, filósofos y guerreros que añoraban una vida entre Flores y Cantos y una muerte al filo de la obsidiana”

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