La versión de Nezahualcoyotl acerca de la Creación del Sol

Los acolhuas o texcocanos de quien Nezahualcoyotl fue gran soberano y lider, afirman que la divinidad Citlalicue (“la Señora de la Falda de Estrellas”) envió desde el cielo a mil seiscientos de sus hijos a la ciudad sagrada de Teotihuacan; no obstante, dichos enviados perecieron, pues tan luego llegaron guerrearon entre sí para disputarse quien habría de ser el Nuevo Sol que alumbraría a la renaciente humanidad. Luego de veinticinco años de que el mundo había sido recreado tras su última destrucción y había quedado todo ese tiempo a oscuras por la falta de sol, entonces, se juntaron tres Potestades Celestes que fueron Tezcatlipoca (Señor Espejo Humeante), Ehecatl (Señor Viento) y Citlalicue los cuales acordaron hacer un sol que alumbrara a la deshabitada tierra.

En ese tiempo había otro Señor Celeste llamado Pinziltecuhtli y su mujer se llamaba Xochiquetzal los cuales tenían un hijo de nombre Xochipilli, y otro que no era suyo, pero lo criaban con el mismo amor y que nombraron Nanahuatzin (Señor buboso), cuyo padre se presumía era Itzpapalotl (Señor Mariposa de Obsidiana) y su madre Cozcamiuh (La del Collar de Maíz) los cuales tomaban forma humana cuando bien les parecía. Cuando pues, estas divinidades quisieron hacer el sol, todos estos juntos y otros más, antes hicieron penitencia para poder merecer el sol, ofrecieron a los tres grandes piedras preciosas, humo de copal y otras cosas muy ricas. Mas el humilde Nanahuatzin como era pobre, no tenía nada que ofrecer, pero su ofrenda fue picarse con una espina de maguey y así ofrecer su propia sangre.

Luego, Nanahuatzin se juntó con sus hermanos e hizo gran fuego delante de los Señores y Señoras Celestes quienes le dijeron que se metiera al fuego y que no tuviera miedo de hacerlo, pues habría de salir convertido en sol, fue luego de un tenso silencio que Nanahuatzin se arrojó al fuego y bajo al inframundo por un camino que solo él conocía y volvió ante la presencia de los Señores trayendo consigo piedras preciosas de incomparable belleza que acrecentó su brillo y calidad de gran Señor merecedor de ser el Sol.

Aquí queda esta historia convertida en mito, donde queda claro el alto contenido metafórico y simbólico de como aquellos que alcanzan lo mas hondo, son merecedores de llegar a la cima del cielo… solo basta tener el valor de “arrojarse al fuego” para brillar.

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“A la gloria de esa antigua sociedad de grandes poetas, matemáticos, filósofos y guerreros que añoraban una vida entre Flores y Cantos y una muerte al filo de la obsidiana”

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