Cuando Tula cedió el poder del maíz a Tenochtitlan

Según la “Leyenda de los Soles” se narra en términos míticos la forma en que los mexicah adquirieron el privilegio del maíz y su poder una vez que los toltecas lo perdieron. Es decir, en este pasaje antiguo se simboliza la entrega del poder político de los toltecas a los aztecas mediante la transmisión de la potestad del sagrado maíz, pues se dice que aquel que siembra maíz, tiene el favor de la Divinidad y dispone de los atributos necesarios para hacerse del poder terrenal, por ello, los aztecas-mexicah fueron los sucesores de los toltecas como pueblo dominante y guía del centro de Anahuac.

Adentrándonos a este mito, según el texto se narra que Huemac (el rey tolteca que sucedió al celebre Ce Acatl Topiltzin), un día se encontraba jugando a la pelota (ullama) con los Tlaloqueh (los guardianes de Tlaloc) y aposto con ellos jades y hermosas plumas de quetzal, resultando al final de la apretada contienda ganador el Señor Tolteca; sin embargo, los Tlaloqueh lejos de pagar la apuesta convenida, le ofrecieron unas humildes mazorcas de maíz en lugar de jades y plumas preciosas a Huemac, quien indignado rechazo la oferta y por ello los Tlaloqueh condenaron a los toltecas a padecer cuatro años de hambre por haber despreciado el maíz y haber preferido joyas. Se cuenta que la gran hambruna y calamidad en Tula comenzó con una helada en el mes de Huei Tecuilhuitl , misma que se alargo por años; y en ese oscuro tiempo los toltecas cometieron todo tipo de sacrificios y humillaciones con tal de obtener alimento.

Una vez transcurridos los cuatro años de hambruna, los Tlaloqueh reaparecieron en Chapultepec, en el momento en que los jilotes de maíz brotaban de la tierra. Un tolteca se alimentaba de ellos, cuando de repente se le presentó un guardián de Tlaloc que había emergido de un manantial cercano y le preguntó al tolteca si reconocía lo que estaba comiendo. La respuesta del hambriento hombre fue crucial para el desenlace de esta historia:

“Si, amo nuestro, es maíz, hace mucho tiempo que nosotros lo perdimos”

El enviado de Tlaloc le contesta al tolteca que ira a comunicarle su respuesta a su Señor y se volvió a sumergir en el agua, para regresar momentos después con un brazado de mazorcas y un encargo para que el tolteca se lo llevara a su rey Huemac, y antes de partir le anunció que el Señor Tlaloc había decidido el final de los toltecas y el ascenso de los mexicah. Afligido Huemac al enterarse de la noticia, aceptó el encargo divino, que consistía en presentarse con la corona del Topiltzin (un copilli o tocado de 222 Plumas de Quetzal y que muy posiblemente es el que portara Moctezuma II) para realizar la ceremonia de la transferencia del poder hacia los mexicah y que debía ser en el remolino de Pantitlan segun la orden de Tlaloc. Al llegar el día, tanto los mexicah como los toltecas se presentaron a la cita, y aunque los toltecas iban ricamente ataviados con sus lujosas joyas y los mexicah iban con modestas prendas, estos últimos gozaban de gran fortaleza física y dignidad en comparación con la deslucida figura y extenuadas carnes de los toltecas a causa de 4 años de hambre. Todos los presentes con gran solemnidad arrojaron sus ofrendas a Tlaloc al fondo del gran remolino y en el momento final de la Ceremonia, el afligido y arrepentido Huemac se acercó al líder de los aztecas y entregándole el manojo de mazorcas y la “Corona del Topiltzin”, le dijo:

“Aquí esta el mando y también lo que han de comer los mexicanos, porque ya se acabara el tolteca”

En ese momento, según el relato, el cielo se nublo y llovió durante cuatro días con sus noches, mientras la tierra absorbía el agua. Como resultado comenzaron a brotar las hierbas y los mantenimientos vegetales. El maíz fue sembrado por los mexicah y a los 40 días, en el año 2 Acatl se dio el tonacayotl, las mazorcas tiernas del maíz, el mantenimiento humano. Posteriormente en el año 1 Tecpatl, los toltecas fueron finalmente destruidos y Huemac el ultimo rey suyo, entró al Templo subterráneo de Cincalco en Chapultepec para cometer suicidio, mientras los mexicah fueron entronizados por Tlaloc como los herederos del maíz y sucesores del poder de Tula en la cima del Monte sagrado Xicoco, el lugar donde se acabo el abuelo tolteca y empezó el andar del joven guerrero mexica.

Posdata: esta aleccionadora historia antigua nos recuerda a todos esos malos mexicanos que por avaricia e ignorancia vendieron sus tierras comunitarias a los monopolios constructores e inmobiliarios y despreciaron la noble y dignificante tarea de seguir sembrando maíz, el sustento humano, tal y como lo hacían sus sabios abuelos, quienes quizás humildes de la cuna a la tumba, pero nunca les falto el alimento y la felicidad, que es el verdadero poder terrenal, la capacidad de agradecer al cielo y a la tierra… ahora el pueblo mexicano carente de independencia alimentaria en medio de esta crisis social, se pregunta al igual que el hambriento tolteca que prefirió el jade y las plumas preciosas: ¿donde quedó nuestro maíz?… pues, en las manos de USA y China.

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“A la gloria de esa antigua sociedad de grandes poetas, matemáticos, filósofos y guerreros que añoraban una vida entre Flores y Cantos y una muerte al filo de la obsidiana”

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