El Maíz: la unión del cielo y la tierra según el pensamiento mexica

La familia sagrada azteca

La planta de maíz es la hija e hijo de la tierra, pero su crecimiento y realización es obra del entrelazamiento de los poderes fecundadores del cielo con los germinales del la tierra. En la concepción mexica, elemento masculino fecundador que mueve las fuerzas del cosmos y les infunde vitalidad y armonía es el Sol, que es a su vez el padre del maíz. Quizá en tiempos remotos los Señores del Inframundo y de la Tierra ocuparon un lugar superior en el panteón mesoamericano, pero desde la época azteca el Señor Rector del mundo y el tiempo es el Sol. Fue propiamente a partir de la cosmogonía teotihuacana en que se empezó a considerar al sol como la potencia que alumbra y pone en movimiento al mundo. En la famosa Leyenda de los Soles se cuenta que en la Era presente sucedió este mito del Sol en Teotihuacan, pues ahí fue cuando apareció por primera vez el sol actual que desde entonces, no ha dejado de amanecer por el este imprimiendo su energía fecundadora por cada porción de tierra que cruza en su ciclo diario por la bóveda celeste.

La propensión azteca a antropomorfizar las “Fuerzas Naturales y Cósmicas” le asignaron al Sol las virtudes masculinas y a la Tierra las femeninas, uniendo a las dos en un matrimonio divino del cual surgió el maíz. El Padre Cielo y la Madre Tierra junto al Hijo-Hija Maíz, son los motores de la vida humana y de la regeneración cíclica de los campos de cultivo, es decir, la tierra es la matriz y la lluvia el liquido fecundador o simiente que la fertiliza y el producto de esa unión sexual cósmica es la planta del maíz. Finalmente, un hecho científico que puede bien apoyar estar vieja concepción mexicana, es que en efecto, el maíz se trata de una creación ambivalente, pues de acuerdo con la biología del maíz, la flor y las hojas son masculinas mientras que las mazorcas o granos son femeninos, es decir, la planta de maíz al autofecundarse, viene a representar la metafórica unión del cielo con la tierra, pues en un mismo organismo se hacen presentes y cohabitan en armonía los elementos masculinos y femeninos de su especie y los elementos celestes y terrestres del Universo de los aztecas.

#LaCiudadDelMaiz


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