La fusión de Ehecatl con Quetzalcoatl

El centro ceremonial de Cholula pintado en el Mapa de Cuauhtinchan, num 2. Arriba de los dos personajes se ve el Templo de Quetzalcoatl.

Sabemos que la antigua ciudad santuario Cholula (Cholollan) de los olmecas y xicalancas fue abandonada y repoblada tiempo después por los toltecas, quienes se asentaron en esa ciudad entre los años 1100 y 1200. Estos portadores de la lengua náhuatl y de las tradiciones teotihuacanas reactualizaron los antiguos cultos que antes se celebraban en la Teocalli o Gran Pirámide de Cholula, uno de los mayores Templos-Monumento de Anahuac. Los nuevos habitantes toltecas reubicaron el centro ceremonial en lo que hoy es el centro de la ciudad de Cholula y en el corazón de ese espacio levantaron un hermoso templo en honor a Quetzalcoatl, que se convirtió en el recinto más famoso y más visitado de aquellos tiempos.

El documento conocido como “La Relación de Cholula” de Gabriel Rojas, escrita en 1581, dice que el nuevo Templo de Quetzalcoatl se construyó en la cima de la Gran Pirámide y que no fue precisamente edificado para honrar a un “dios”, sino a un “profeta que trajo a la gente desta ciudad, antiguamente, a poblar en ella de partes muy remotas hacia el poniente”. Según ese relato, el nombre de ese profeta era Ce Acatl Topiltzin y después de su muerte, el hermoso templo se erigió en memoria del culto que profesaba a la sagrada esencia divina de la “Serpiente Emplumada”. Dice Rojas que los refundadores de Cholula venían de un lugar llamado Tollan y por eso nombraron su capital con el nombre de la ciudad de origen, siendo este nombre sagrado el de:

“Tollan Cholollan Tlachiuh Altepetl”

Siendo “Tlachiuh Altepetl” un término nahuatl que significa “cerro hecho a mano”. En sus inicios olmecas, Cholula era el santuario de la astralidad de Ehecatl (Señor del Viento) y su templo redondo era visitado por peregrinos procedentes de todos los rincones de Mesoamérica. La Relación de Cholula, confirma que el poder político de Cholollan estaba fincado en la tradición de Tula y Chichen Itza, que a su vez provenía de Tollan-Teotihuacan y según esta tradición, en esas capitales radicaban los símbolos del señorío y ahí recibían los jefes de las provincias subalternas los títulos de nobleza y emblemas de poder. No obstante, la fusión del pretérito concepto de Ehecatl (9 Viento) con el de Quetzalcoatl (1 Caña) se da justamente en la ciudad sagrada de Cholula sin que a la fecha quede del todo claro cómo se dio, pues a partir de la época tolteca, lo mismo se nombra Quetzalcoatl como Ehecatl al Señor patrono del gran templo apostado sobre la Gran Pirámide.

Llegado a este punto, aquí cabe hacernos una crucial pregunta: ¿Por qué el nombre Ehecatl, de tan larga tradición y prestigio en la vieja Cholula, se cambia o combina con el de Quetzalcoatl? La pregunta solo será respondida si en verdad entendemos la sagrada Cuenta de Anahuac y el conocimiento de los símbolos divinos nahuas que nos permiten descifrar los secretos más intrincados del México Antiguo, que es justamente el periodo del alzamiento de Teotihuacan hasta la época en que brillo Tenochtitlan… en donde en algún momento se empalmaron los númenes y personajes sagrados del Anahuac.

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“A la gloria de esa antigua sociedad de grandes poetas, matemáticos, filósofos y guerreros que añoraban una vida entre Flores y Cantos y una muerte al filo de la obsidiana”

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