Kukulkan, Lug y Sotis: tres astros que guiaron al Mundo antiguo.

Estrella Sotis (Sirio)

Para los celtas el planeta Mercurio era Lug y configuraba su calendario sagrado Lugdunum, los astrónomos celtas habían advertido que el periodo sinódico de Mercurio dura casi 116 días (115.88) pero como se trata de un Planeta Interno no siempre es visible en el cielo y el hecho de que esté más cerca del Sol que la Tierra implica que es visible como astro nocturno y matutino, y entre dichos periodos se intercalan dos lapsos de invisibilidad; así un druida habría observado más o menos lo siguiente: después de cinco días de invisibilidad Mercurio habría brillado cerca de 38 días como estrella de la mañana, de modo que después de 35 días de invisibilidad reaparece como estrella nocturna y brillaría en el crepúsculo durante otros 38 días. El calendario celta permite prever las elongaciones de Mercurio con una aproximación de casi un día cada 30 años. Este hecho, confirma totalmente el significado del calendario celta, que era extremadamente preciso respecto de los ciclos de Venus, pues las fiestas máximas de los celtas sucedían en mayo (Beltane) y noviembre (Samhain) en los momentos en que la Tierra corta el plano de Mercurio.

Y aquí surge espontáneamente una comparación con el calendario celta, pues los mayas usaban un método idéntico pero en este caso relacionado con el planeta Venus (Kukulkan). Uno de los más importantes y complejos textos de astronomía maya, el Códice Dresde, permite predecir con increíble precisión las elongaciones máximas del planeta Venus, además de que introduce un periodo de 104 años precisamente para sincronizar la observación de este planeta con el resto de las cuentas mayas de los días y sus meses (Calendario Tzolkin y Haab).

Por su parte, el ajuste más importante para los egipcios fue la estrella Sopdet o Sotis (en griego) que corresponde a nuestra actual estrella Sirio y que representaba a la divinidad Isis, organizando el calendario egipcio en un periodo de 360 (+5) días dividido en tres estaciones de cuatro meses cada uno, equivalentes a los ciclos de Sirio, siendo el principio del año el día de la salida heliaca de esta estrella, por lo cual al calendario egipcio también se le llamaba “Año Sotico”. Sin embargo, siendo la duración del año sotico egipcio más o menos un cuarto de día más largo que el año civil egipcio, después de cuatro años la salida heliaca de Sirio se retrasaba un día y para que la salida heliaca de Sirio volviera a coincidir con el primer día del año, tendrían que pasar 365.25 por cuatro años, es decir 1461 años, un problema de desfasamiento que perduro en el calendario egipcio hasta el fin de su civilización.

No obstante, el milenario Egipto heredaría su calendario “sotico” junto a sus imprecisiones a su verdugo Roma, quien no solo NO resolvió el problema del atraso del año civil egipcio respecto del año sotico, sino que incluso lo agravó aun más al dejar la resolución del desfasamiento ya no en manos de astrónomos y sabios, sino a merced de las ocurrencias (Concilios de Trento y Nicea) de los autoritarios Papas, personas que poco o nada conocían de la matemática sideral de los astros y que consideraban más importante sincronizar el Calendario de su imperio romano con la llegada de la Fiesta de la Pascua (en la que los judíos conmemoran la supuesta liberación de la esclavitud de su pueblo en Egipto), antes siquiera de intentar sincronizarlo con el ritmo real del Universo, tal y como siempre fue la intención de los avanzados pueblos celtas o mayas: dos pueblos separados en tiempo y espacio, pero que casualmente compartieron en común algo mas que avanzada Ciencia Celeste, es decir, compartieron un trágico destino similar, pues ambos tuvieron mala fortuna de ser pueblos invadidos y arrasados por la incivilizadora Roma-Hispania, quien de un manotazo borró del planeta los antiguos y precisos Calendarios astronómicos, para imponer por la espada su Santoral como la Única Cuenta de los días y su obsoleto (remendado) calendario juliano/gregoriano, que a la fecha sigue padeciendo nuestra civilización humana.

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“A la gloria de esa antigua sociedad de grandes poetas, matemáticos, filósofos y guerreros que añoraban una vida entre Flores y Cantos y una muerte al filo de la obsidiana”

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