Tenochtitlan: “urbe observatorio” de Anahuac.

Más que un recinto ceremonial o el centro del poder político de la Triple Alianza, el gran cuadro amurallado del Templo Mayor de Tenochtitlan era para los aztecas-mexicah una representación a escala del Universo, una autentica y SAGRADA CIUDAD CÓSMICA donde cada uno de sus palacios y templos (teocalli) dispuestos dentro de aquel sagrado perímetro, en realidad, fungían como “maquinas ajustadas al cosmos”, pues tanto los templos gemelos de Huitzilopochtli y Tlaloc ubicados en la cima de la “pirámide doble” o Huey Teocalli, en conjunto con el Templo circular de Ehecatl-Quetzalcoatl al centro de todo y los Templos dedicados a Xipe Totec y Tezcatlipoca enclavados en las “esquinas del horizonte”, estaban deliberadamente orientados y nivelados para servir de MARCADORES TEMPORO-ESPACIALES, en tanto que un observador sentado en el puesto de observación (trono) que era el Templo de Ehecatl-Quetzalcoatl, podía atestiguar las salidas del sol en cada amanecer y ver como estas, alternadamente y calculadamente, iban sucediéndose por detrás de las cúpulas y techos elevados de cada templo premeditamente orientado para servir de marcador solar en las distintas épocas del año. Fue así, mediante aquel gran sistema de observación astronómica, como los antiguos sabios astrónomos mexicah pudieron determinar la duración exacta del año solar y conocer el inicio de la temporada de lluvias (Xopan/Xolpanco) y de secas (Tonalco), al tener medidos y registrados con precisión extraordinaria las fechas en que ocurrían los equinoccios, solsticios y pasos cenitales solares que eran y siguen siendo, los fenómenos celestes que desencadenan las estaciones del año y los ciclos terrestres.

De tal suerte, se puede aseverar que el Templo Mayor fue diseñado, orientado y calculado para que en los días del equinoccio de primavera (mes Tlacaxipehualiztli) y el de otoño (mes Ochpaniztli), el sol se situara en medio de los templos de Tlaloc y Huitzilopochtli, con lo que queda demostrado que el Templo Mayor fue construido para marcar “la mitad del cielo”, es decir, en el punto medio del recorrido del sol por el horizonte a lo largo del año; siendo ambos solsticios los puntos extremos hacia el sur y el norte y los equinoccios los puntos medios de transición de la temporada de secas y lluvias. Así fue, como la ciencia y la religión quedaron fundidas en piedra para la eternidad, pues en la vida de los aztecas pobladores de Tenochtitlan no había distinción entre lo sagrado y lo racional, al ser moradores de una ciudad esplendorosa, acorde a los astros y que servia de “espejo al cielo”.

Para el valle de Anahuac, la llegada del Equinoccio de Primavera (en marzo) representaba el nuevo brote de la vida, la llegada de las primeras lluvias del año y el comienzo del proceso de reverdecimiento de la Naturaleza, que daba inicio al periodo agrícola en el que se originaban las condiciones necesarias para comenzar la siembra del maíz y vegetales que habrían de alimentar a todos los habitantes de la “Blanca ciudad”; mientras que en contraparte, el Equinoccio de Otoño (septiembre) era el momento en que se cosechaban los frutos y se recolectaban los elotes maduros, aunque también era el día en que la tierra comenzaba su periodo de reposo y descanso, y en donde la naturaleza comienza a “morir” y se contrae para preservar su energía ante la llegada del invierno junto a la temporada de secas.

Así pues, haciendo honor a la maravilla arquitectónica, astronómica y científica del mundo antiguo que fue la ciudad de Tenochtitlan en su totalidad, sería más adecuado decir que en México, cada 21 de marzo sucede el Equinoccio de Xolpanco y no de “primavera” y cada 23 de septiembre no es el Equinoccio de Otoño, sino más bien, es el “Equinoccio de Tonalco” del mes azteca Ochpaniztli, de cuando tras los frutos, comienzan a caer las hojas secas y que a si mismo, representa la mitad de la vida del año (la noche del año) y del cielo, algo que no se contradice con la ciencia actual, pues sabemos que ambos Equinoccios del año, son los únicos momentos en que el Sol está posicionado justo en cenit del Ecuador geográfico del planeta, y por tanto, la duración del día y la noche son idénticas en esa fecha, pudiendo decirse en un sentido metafórico, que es en los equinoccios (Primavera/Otoño; Xolpanco/Tonalco), los dos momentos del año en que la “Luz y la Oscuridad entran en equilibro”, los momentos sagrados en que noche y día son mitades exactas de un mismo cielo. Esa era la hermosa Ciencia-Dualista de nuestros antiguos mexicanos.

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“A la gloria de esa antigua sociedad de grandes poetas, matemáticos, filósofos y guerreros que añoraban una vida entre Flores y Cantos y una muerte al filo de la obsidiana”

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