La mentira del canibalismo azteca

Las investigaciones y revisiones modernas a la Historia de Mexico, van derrumbando una a una las patrañas y difamaciones que los invasores europeos lanzaron en sus furibundas y propagandisticas “crónicas” en contra del civilizado pueblo azteca.

Una de las mentiras mas atroces contra los antiguos mexicanos, es la que afirma que los pobladores de Tenochtitlan eran tremendos canibales, algo que definitivamente la ciencia no puede validar y que en paralelo, los hechos historicos desmienten, pues de ser cierta esta falsa acusación europea, la población de la “Blanca Ciudad en medio de las aguas” NO hubiese padecido la terrible y mortal hambruna que los asoló durante el largo sitio y bloqueo total a la ciudad que impuso el agresivo enemigo; la mentira de la dieta canibal azteca es irrisoria y se torna insostenible, pues en una ciudad de cerca de 200mil habitantes la disponibilidad de cadaveres “frescos” de guerreros muertos en batalla habría bastado para alimentar a la población por meses y asi soportar la emergencia y escasez de la guerra.

Sin embargo, sabemos que nada de eso pasó, es al contrario, las fuentes escritas mas coherentes narran como los niños, mujeres y hombres de Tenochtitlan, al ver acabados sus suministros básicos de alimento (semillas y hortalizas), terminaron comiendo alimañas silvestres y cocinando fangos; un verso nahua de 1528 (Manuscrito de Tlalteloco) describe este triste y dramatico hecho:

“Hemos comido palos de colorin/ hemos masticado grana salitrosa/ piedras de adobe/ lagartijas/ ratones/ tierra en polvo/ gusanos”

Aqui debemos subrayar que en esta versión azteca, NUNCA se indica que los acorralados mexicah comieron carne humana durante el sitio y como ya se ha dicho, los cuentos hispanistas insisten en que los mexicah cada año mataban “miles de seres humanos” para satifacer su deseo canibal… entonces, ¿como es que sucumbieron de hambre en la situación extrema del sitio a Tenochtitlan, paradójicamente, cuando MAS carne humana estaba disponible entre tanto muerto?

Nunca existió el canibalismo en Tenochtitlan, y si alguna vez sucedió, fue un hecho aislado y muy seguramente fue duramente castigado por la nada permisiva, severa y ejemplar Ley que regía a la ciudad. Aun incluso, aquel supuesto canibalismo bien pudo ser por razones medicinales, tal y como los europeos lo hicieron también, pues el “canibalismo médico” fue una practica muy común en la Europa medieval, donde se recetaba beber sangre humana a los epilépticos o cocinar organos y entrañas humanas a enfermos del higado y pulmones, etc.

Por otro lado, los últimos hallazgos arqueológicos que apuntan a la “supuesta existencia” de prácticas canibales en el Anahuac, son el descubrimiento de huesos humanos “cocinados” encontrados en algunos yacimientos prehispánicos; sin embargo, los que se apoyan en la evidencia de los “huesos hervidos” para sustentar la teoria del canibalismo, lo hacen o de mala fe o con poco juicio científico, pues una costumbre funeraria muy arraigada entre los pueblos de Anahuac era retirar la piel de los difuntos para con ella, fabricar todo tipo de articulos ceremoniales (como los budistas, polinesios y otras culturas) y la UNICA MANERA eficaz de separar la piel del hueso y músculo es hirviendo el cadaver, una tecnica que cualquier moderno curtidor de pieles utiliza y conoce. Por lo cual, la existencia de “huesos hervidos” en aisladas fosas antiguas NO ES PRUEBA alguna de la práctica de canibalismo, si acaso, solo es la prueba de la practica de utilizar la piel de los muertos con motivos rituales.

Por último, la ciencia moderna sabe que es IMPOSIBLE que una población humana, sin importar su raza, pueda llevar una vida caníbal de manera continua, pues el cuerpo humano NO está preparado para consumir la carne de sus congéneres, sin que a la larga comiencen a aparecer entre los practicantes, enfermedades paralizantes y mortales; por lo cual, si es verdad que el Huey Tlahtoani Moctezuma Xocoyotzin comía “partes humanas de mozos” como parte de su dieta acostumbrada, entonces a la llegada de los hispanos, este gran Señor mexica hubiese aparecido en un deplorable estado físico, afectado por los fuertes padecimientos que conlleva la vida caníbal (Ver enfermedad neuro-degenerativa “Kuru”) y no hubiese gozado de la inmejorable salud y fortaleza física que los propios invasores le adjudicaron al describirle en sus cartas.

Aquí queda esta concisa y lúcida aportación contra la patraña eurocentrista del “canibalismo azteca”, una contrareplica pensada en dignificar a los dignos ancestros de los mexicanos, cuya imagen y memoria intenta ser ensuciada por los sucios colonialistas de siempre.

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“A la gloria de esa antigua sociedad de grandes poetas, matemáticos, filósofos y guerreros que añoraban una vida entre Flores y Cantos y una muerte al filo de la obsidiana”

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