La homosexualidad y las normas aztecas

En aras de aportar datos nuevos para la sana y respetuosa reflexión que contribuya al mejoramiento de nuestra nación, en esta ocasión compartimos la manera en que se afrontaba el tema de la homosexualidad entre los azteca/mexicah y del tipo de actos que se permitían o no, según las normas de convivencia de Mexico-Tenochtitlan. Por un lado, los habitantes de la “Blanca Ciudad” toleraban e incluso veían como cosa natural a los hombres con “esencia femenina” (xochihua u hombre que porta flores) y a las mujeres con “esencia masculina” (patlachuia o mujer que se ve como hombre), no obstante, lo que NO toleraba la sociedad mexica y castigaba duramente era el travestismo, la sodomía (“cuilonyotl”) y la promiscuidad ilícita. De hecho, entre los “agoreros del Predestino” (tonalpouhque) era cosa sabida que los hombres nacidos bajo el signo de “Xochitl” (Flor) tenían aptitudes femeninas y las mujeres nacidas bajo el signo “Ocelotl” (Ocelote) eran tendientes a la masculinidad; del mismo modo, los sabios aztecas tenían registrado en su “Libro de las Energías Humanas” (Tonalamatl), la creencia fundada de que las personas nacidas bajo el signo de “Osomatli” (Mono), si no eran adecuadamente guiadas desde la tierna edad, al crecer podrían caer en una vida de desenfreno sexual y toda clase de excesos.

No obstante, los mexicah no desechaban a nadie que luchara por salir del vientre materno para nacer y llegar a la vida en la tierra, por ello mismo, desde niños y durante toda su juventud, a estas personas “especiales” se les impartía una recta educación y una sesuda formación vocacional para que sus peculiares “dotes sensuales” fueran bien encausadas, haciendo así posible que la extrema sensibilidad de los Hombres-Flor derivara en la creación prolifera de obras de arte, la música y el canto; y de la misma manera, a las estoicas Mujeres-Ocelote se les escogía para ser llevadas a los Templos como filosofas y sacerdotisas, pues su corazón que “rehuía de los hombres” les permitía dedicar su vida al culto y el servicio. En resumen, a nadie que habitara en Tenochtitlan se le permitía degenerar en vicios y de cada “desviación detectada al nacer” en los niños, sus padres y sus maestros buscaban trabajarla de la mejor manera, para convertir ese “rasgo peligroso” en una GRAN VIRTUD durante su vida adulta.

A continuación compartimos algunas citas extraídas de fuentes históricas que sustentan la nula permisividad a las manifestaciones descontroladas de la sexualidad entre los primeros mexicanos:

  1. De conformidad con las leyes, al hombre que se vestía de mujer, o a la mujer que se vestía de hombre, se le ahorcaba” (Clavijero, libro VII, cap. 17)
  2. “A los que eran causantes de actos escandalosos (impúdicos) en lugares públicos, se les hacía morir por ello, las lenonas tenían pena de muerte y se ejecutaba todo ello con rigor” (Zurita, pags 109-10)
  3. “A los que cometían el delito de incesto con sus hijos o parientes se les ahorcaba” (Clavijero libro VII, cap. 17)
  4. “Tolerabase a las mujeres públicas (prostitutas), pero siempre y cuando fuera libre elección de ellas y fuera su gran sensualidad y no la avaricia lo que las llevara a tomar esa vida” (Torquemada libro XII, cap. 2)
  5. “A los adúlteros se les lapidaba, se les ahorcaba o se les daba muerte de cualquier modo cruel” (Zurita pag. 107)

***

“A la gloria de esa antigua sociedad de grandes poetas, matemáticos, filósofos y guerreros que añoraban una vida entre Flores y Cantos y una muerte al filo de la obsidiana”

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