El Solsticio de “Xolpanco” en el Trópico de “Citlaltlachtli”

Esta nueva publicación pudo haberse titulado simplemente “Solsticio de Verano en el Trópico de Cáncer”, pero deliberadamente hemos sustituido la palabra “Verano” por el término “Xolpanco” y la palabra “Cáncer” por el nombre “Citlaltlachtli”, pues la intención de este artículo, no solo es la de ofrecer interesantes datos astronómicos para el amable lector, sino hacer un homenaje al Anahuac y a sus grandes astrónomos, aquellos sabios e infatigables observadores del cielo. Permitanos explicar nuestras sopesadas razones:

Siempre será un muy loable propósito, el refundar nuestra propia Ciencia anahuaca, el deconstruirla y traducirla hacia los conceptos de la época moderna, para rescatarla de esa lejanía cultural y olvido en la que se encuentra debido a la ignorancia popular y al desdén académico. Cierto es, que los antiguos mexicanos nunca necesitaron de la ayuda de “otros pueblos” extranjeros, para explicarse a sí mismo el funcionamiento de la Naturaleza, el ordenamiento del Cosmos y del movimiento de la Cúpula Celeste; pues aquí en el Anahuac, la Ciencia y la Astronomía avanzada tiene por lo menos, 5 mil años de historia de haberse inicializado y son los cientos de “Libros-Monumentos” (esculturas antiguas) aun en pie en cada ancestral santuario-observatorio de Mesoamérica, los fieles testimonios de la existencia de esa adelantada sociedad científica que alguna vez pobló esta tierra sagrada y que en estos tiempos profetizados en piedra, es llamada a renacer de entre los nuevos “rostros y corazones” de los mexicanos del Siglo XXI (… del Nuevo Sol).

Hoy 21 de junio de 2019 (día 4-Agua, mes Etzalcualiztli, año 7-Carrizo), para el mundo occidental es el día del Solsticio de Verano, pero para nosotros los nuevos habitantes de Anahuac, es el Solsticio del “Xolpanco”, pues nuestros viejos maestros y ancestral ciencia, concebían el tiempo natural de un año, dividido en 2 estaciones esenciales y no en 4 (Primavera-Verano-Otoño-Invierno) como es el caso de la percepción del tiempo al “otro lado del mar Atlántico”. Los antiguos mexicanos, pensadores dualistas por excelencia, naturalistas y veneradores de la Creación y sus Elementos, sabían que la tierra (“in tlalticpac”) reactivaba o suspendía su vitalidad, según los ciclos de la lluvia (“Tlaloc-Tlaltecuhtli”), acordes a las fuerzas celestes entrelazadas en el simbolismo sagrado del Atl-Tlachinolli (“Agua y Tierra Quemada”) que es entre otras cosas el glifo de los cambios estacionales según la cosmogonía de Anahuac. Por tanto, en el pensamiento anahuaca, el tiempo en la Naturaleza era un reflejo material de esa Dualidad ígnea-acuática, que en sencillas palabras, es la alternación temporal del clima marcado por la abundancia de lluvias o la ausencia total de estas, dando como resultado la división del “año azteca” en dos únicas estaciones, ambas acordes a la ciencia dualista de los antiguos mexicanos: dichas dos estaciones que sustituyen a las europeas “Primavera-Verano-Otoño-Invierno” son la estación de las lluvias “Xolpanco” y la estación de la sequía “Tonalco”.

Ahora bien, en la latitud norte (19.4°) donde floreció la gran urbe de Tenochtitlan, la temporada de lluvias (Xolpanco) iniciaba al caer el Primer Paso Cenital del año, algo que actualmente acontece entre los días 15 y el 16 de mayo (al inicio del mes azteca Toxcatl), y a su vez, esta estación acuosa finalizaba en la siguiente “esquina del cielo”, es decir, en el Segundo Equinoccio del año en torno 21 de septiembre (en vísperas del mes azteca Teotleco o de la “partida de la energía”); una razón por demás evidente, por la que este mes de junio en curso, debe ser considerado inmerso en la temporada de Xolpanco y por tanto, el “Verano occidental” queda también contenido en dicha estación azteca de las lluvias, la cual como hemos asentado, corre de mayo a septiembre. Con lo anterior queda sustentado, el por qué es totalmente licito afirmar, que el Primer Solsticio del año en la geografía mexicana, debe honoríficamente ser nombrado como el “Solsticio del Xolpanco” y no solo llamado exclusivamente (y eurocentristamente)… como el del “Solsticio de Verano”.

Por otro lado, como hemos explicado en pasados ensayos, el primer Solsticio del año (el del Xolpanco-Verano) sucede cuando el Sol cenital llega a su posición máxima al norte planetario antes de volverse hacia el sur, siendo justamente la latitud donde sucede ese fenómeno astronómico, el paralelo que hoy conocemos con el nombre del Trópico de Cáncer (23.5°), no obstante, existe un gran inconveniente con el nombre con que Occidente ha bautizado esa línea geográfica que delimita los puntos más septentrionales en los que el Sol alcanza el cenit, pues cuando este trópico del Hemisferio Norte fue descubierto por los astrónomos euroasiáticos hace casi 2 mil años, en aquel lejano entonces, se dieron cuenta que en el día del Solsticio de Verano sobre esa latitud trópica, el Sol se posicionaba en la bóveda celeste en la Constelación zodiacal de Cáncer; sin embargo, el movimiento del sistema solar y del resto de las estrellas con relación al centro de la Vía Láctea han causado lentos pero incesantes movimientos en la ubicación de los astros en el firmamento terrestre, trayendo consigo fenómenos como el cambio de ubicación del Sol respecto de las constelaciones. Así mismo, el movimiento de “bamboleo” (nutación) en la rotación planetaria producto de la notoria inclinación terrestre, al cabo de un largo periodo aproximado de 20 siglos, ha generado que el Sol gradualmente vaya cambiando de “Casa Zodiacal” (precesión de los solsticios), por lo cual, el susodicho “Trópico de Cáncer” ya no debería llamarse de ese modo, pues el Sol cenital ya no se posiciona actualmente en la Constelación de Cáncer al llegar a la latitud norte 23.5°, sino que lo hace ahora mismo sobre el borde final de la Constelación de Geminis, que es la misma agrupación estelar que nuestros antiguos astrónomos aztecas conocían bajo el nombre de “Citlaltlachtli” y que bien significa “Constelación del Juego de Pelota” debido a la semejanza de este Cumulo de estrellas con la forma simétrica de un campo (“tlachtli”) del ancestral y ritual Juego de Pelota mesoamericano (“Ullamatzin”).

Es por estas sabias y certeras razones expuestas líneas arriba y por la gloria de esa antigua sociedad de astrónomos anahuacas, que debemos reconsiderar los mexicanos amantes de Anahuac (nuestra cuna original), que la “Fiesta del Sol” que hoy 21 de junio celebramos: es en realidad la del “Solsticio de Xolpanco y el Tonalnepantla (Paso Cenital) sobre el Trópico de Citlaltlachtli”… recuperemos nuestra ciencia.

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“A la gloria de esa antigua sociedad de grandes poetas, matemáticos, filósofos y guerreros que añoraban una vida entre Flores y Cantos y una muerte al filo de la obsidiana”

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