Santuario de Dzibilchaltún

“Templo de Dzibilchaltún”. 1er. Paso Cenital: 26 de mayo. Latitud: 21, Yucatan.

Cronología: desde 500 a.C.

Significado: La palabra Dzibilchaltún está formada por cuatro vocablos mayas: Dzib, escritura; il, locativo; chal, plano; y tun, piedra; lo que puede traducirse como “lugar donde hay escritura en las piedras planas”.

Contexto: Dzibilchaltún es un asentamiento que tiene una larga secuencia ocupacional desde el Preclásico Tardío hasta el Posclásico Tardío, por esta razón llegó a ser uno de los asentamientos más grandes de la costa norte de la península de Yucatán. La distribución de los espacios arquitectónicos es de tipo concéntrico y alcanzó a cubrir un área de 16 km².

El asentamiento abarcó unos 19 km2 siendo de tipo concéntrico, en los que se han hallado alrededor de 8,400 estructuras. La parte central está compuesta por numerosas construcciones monumentales que abarcan unas 25 hectáreas. En el resto del área se encuentran conjuntos arquitectónicos dispersos con pirámides y edificios abovedados. Se cree que pudo haber alcanzado una población hasta de 40,000 habitantes lo que la coloca como una de las ciudades antiguas más grandes de Mesoamérica. Por su cercanía con la costa, su economía aprovechó tanto los productos marinos del litoral del Golfo, produciendo sal, haciendo herramientas de caracol y consumiendo alimentos del mar, así como los de tierra adentro, sembrando y cosechando maíz. Aparte de las estelas, en donde sobresale la número 19, que es considerada una obra maestra del arte escultórico maya, destaca la “mampostería verdadera”, es decir, piedras unidas con argamasa y cuñas, así como las bóvedas construidas con el sistema de piedras saledizas.

La ciudad conserva 12 sacbés (sak bé oob) o caminos blancos, la mayoría de los cuales parten del centro y se dirigen hacia las construcciones de la periferia; uno de ellos conduce al cenote Xlakáh, que en maya significa “pueblo viejo”, uno de los más grandes y profundos encontrados hasta hoy día en Yucatán, y del cual se han rescatado gran número de piezas arqueológicas, principalmente vasijas. Sus aguas cristalinas cubiertas de lirios que flotan en la superficie han sido testigos eternos de la grandeza de este lugar, cobrando inigualable belleza al ser a travesadas por los rayos del sol. El edificio más sobresaliente de esta zona es El Templo de las Siete Muñecas o Templo del Sol, que es una subestructura cuadrangular de lo que alguna vez fue un templo monumental, y llamado así por una ofrenda que se encontró en su interior de siete figuras de barro con forma humana.

El fenómeno arqueo-astronómico del equinoccio ocurre en Dzibilchaltún, los días 21 de marzo y 21 de septiembre, al amanecer, cuando la puerta del Templo de las Siete Muñecas se ilumina con el resplandor del Sol que aparece en el horizonte y, en un momento dado, el disco celeste queda al centro de la puerta y crea un espectáculo de luz y sombra en la fachada poniente. Estos días, se puede observar la increíble precisión de la astronomía maya integrada a su arquitectura. Los mayas utilizaban el sol como base para la planeación de sus vidas debido a que dependían de la agricultura. Con el equinoccio de primavera iniciaban la siembra y con el equinoccio de otoño la cosecha.

Acceso: Partiendo de la ciudad de Mérida, en dirección a la costa norte, se avanza 8 kilómetros por la carretera Mérida-Puerto Progreso (No. 261), para tomar enseguida la desviación que lleva a los pueblos de Chablekal y Conkal, tocando antes el pueblo de Dzibilchaltún al final del cual se encuentra la desviación que conduce a la zona arqueológica. El visitante puede arribar al sitio por medio del transporte público.

Horario: Lunes a Domingo de 08:00 a 17:00 horas y el Museo de Martes a Domingo de 09:00 a 16:00 horas,  todos los días del año.

Costo de acceso: 75 pesos.

Contacto: Zona Arqueológica Dzibilchaltún 01 (999) 9 22 01 93; Centro INAH Yucatán: 01 (999) 9 13 40 34, ext. 398003 y 398080, y 01 (999) 9 44 40 68; direccion.yuc@inah.gob.mx

Fuente: INAH

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“A la gloria de esa antigua sociedad de grandes poetas, matemáticos, filósofos y guerreros que añoraban una vida entre Flores y Cantos y una muerte al filo de la obsidiana”


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