En Anahuac se oyó el “Sermón de la Teocalli”

Mientras en el “Viejo Mundo” (Occidente) el maestro Jesús (Cristo) fue despreciado, incomprendido, martirizado y asesinado por sus propios pobladores, aquí en el Anáhuac la historia fue muy diferente y luminosa, pues al gran Maestro y Guía espiritual que vio nacer estas tierras y que llevó por nombre “Ce Acatl Topiltzin”, se le respetó en vida y muerte, miles de personas le siguieron con humildad e inclusive se le hizo “rey de hombres”. Fue en la ancestral y bella Tula, la ciudad sagrada de los toltecas, donde este sublime y sabio personaje del México Antiguo: Ce Acatl (rescatado del olvido de la historia), predicó el amor a la Naturaleza, la hermandad entre los hombres, el respeto a los buenos principios y la devoción y agradecimiento en todos los actos humanos hacia el Gran Creador del Universo y las criaturas.

Sin duda, Ce Acatl Topiltzin fue el gran reformador moral del Anahuac y un verdadero adelantado a su época, que dejó tras de sí, una estela de sabiduría y amor al prójimo que trascendió las épocas siguientes a Tula y que de no haber sido salvajemente truncada la gran civilización de Anahuac a causa de la Invasión romana-europea del siglo XVI, hoy en estas tierras mexicanas se hablaría y celebraría a este nuestro verdadero Profeta redentor Ce Acatl y no tendríamos necesidad de usar de referente espiritual al mártir Cristo, a quien dicho sea de paso, el mundo occidental sigue “crucificando” desde hace dos mil años, pues no lo han llegado a comprender y mucho menos seguir, por más que se jacte la iglesia romana-católica de ser su “autentica” representante.

Según cuenta la historia, Ce Acatl Topiltzin nació en el año 947 d.C. o bien, en el año “1-Caña (Ce-Acatl)” según la cuenta anahuaca y de ahí estriba el por qué de la primera parte de su nombre. Este sabio maestro anahuaca, fue el hijo de un guerrero chichimeca llamado Mixcoatl y de una hermosa doncella de nombre Chimalma, quien lamentablemente murió en el parto. Muy joven, Ce Acatl acompaña a su padre en sus batallas y adquiere las destrezas de guerrero. No obstante, la feliz relación entre el padre y el hijo se ve interrumpida cuando Mixcoatl es asesinado. Quedando huérfano de ambos padres a corta edad, a partir de ese momento, el joven Ce Acatl se entrega a la penitencia y una vida ejemplar en busca de la Sabiduría y la Verdad, forma de vida que se alargaría muchos años mas allá de su juventud, hasta que finalmente por méritos propios es entronizado y recibe su segundo nombre “Topiltzin” (Venerable Señor) al convertirse a los 31 años de edad en el rey fundador y sacerdote de la mítica Tula, la ciudad continuadora del conocimiento de la otrora Ciudad-Luz “Teotihuacan”. Durante su mandato, la ciudad de Tula alcanzó el mayor desarrollo de su tiempo en las artes, la cultura, la filosofía, la arquitectura y la ciencia, al grado que llegó a ser Ce Acatl Topiltzin, considerado por las personas de su época como un auténtico Sabio Soberano del Mundo (Cem-Anahuac).

Templo de Tula. Siglo X

No obstante, aquel ensueño del pasado terminó, cuando el ya anciano Ce Acatl Topiltzin, entristecido de ver como las cosas hermosas del mundo siempre terminaban pereciendo y que nada era perdurable sobre la tierra por más bello y sagrado que fuese, decide emprender un viaje final hacia el confín del Anahuac (que terminaría en su muerte) para retirarse del “mundo de los hombres” y allá en la intimidad natural de los bosques, valles y selvas, poder encontrar las respuestas del mundo celestial que tanto le aquejaban. De acuerdo a la leyenda, en su profética peregrinación se detuvo e hizo una pausa por algún tiempo, para predicar y enseñar en la sagrada ciudad santuario de Chollolan (Cholula). Una vez terminada su misión en aquella sagrada ciudad, Ce Acatl una resplandeciente mañana, subió a lo alto de la Teocalli (“pirámide/templo”) de aquel lugar, y antes de reanudar su “viaje hacia lo desconocido”, dirigió unas memorables palabras al pueblo cholulteca, mismo que se había congregado al pie del gran monumento-templo para despedir entre lágrimas y flores a su amado maestro. Aquel bello discurso salvado por la tradición oral y escrita, es un “manantial de sabiduría” desbordado de la mas sublime filosofía ancestral y poseedor de una lucidez sin comparación. Dicho celebre discurso, respetuosamente hemos convenido nombrarlo bajo el evocador título del “Sermon de la Teocalli”, pues guardando las respetuosas distancias, nos parece que aquello dicho en la cima de la enorme y prístina Pirámide de Chollolan solo se le pudiera equiparar, las civilizadoras palabras que pronunciara el Cristo hacia sus seguidores y discípulos en aquella tarde a la orilla del Mar de Galilea y que los textos bíblicos pasaron a nombrar como el pasaje del “Sermón del Monte”.

Gran Pirámide de Cholula

A continuación, presentamos un extracto reconstituido de este bello “Sermón tolteca” dejado para la posteridad y que hace más de mil años, saliera del corazón cálido del sabio y profeta americano y Maestro Universal Ce Acatl Topiltzin en la cima de la venerable “Piramide de Cholula”; no sin antes compartirles esta final reflexión: para el siglo XVI, cuando llegaron los hispanos, estas tierras mexicanas ya contaban con un acervo inmenso de filosofía y filántropos amantes de la Humanidad y la Verdad, NUNCA necesitó el Anahuac de una “evangelización”, pues a decir verdad, si la historia mundial hubiese sido diferente y más benévola con el género humano, a Europa y el Viejo Mundo, más les hubiera valido ser “toltequeizados” por América antes de que pretendieran lanzarse a los mares del mundo en busca de oro y poder a costa de sangrientas conquistas. Mas creemos “que nunca es tarde”, por ello compartimos y hacemos del conocimiento general, esta palabra antigua de Ce Acatl, el original redentor de estas tierras.

Sin más, dejamos a nuestros estimados lectores frente a este portentoso personaje ancestral, Ce Acatl, cuyas palabras llenas de amor y razón, retumban igual de fuerte como hace mil años, de cuando subió a la cima de aquella Teocalli en el corazón de Anahuac, para por un momento dejar la humilde condición humana y tornarse tan bello y resplandeciente como un Sol:

///Sermón de la Teocalli (Año 999 d.C.)///

Así habló Ce Acatl:

“El Creador es Uno. Gemelo Precioso es Su nombre. Nada exige, nada pide. Solo nuestro esfuerzo, solo nuestro espíritu: eso le ofreceréis.

Nuestros padres y nuestros abuelos nos exhortaron diciéndonos que Él nos creó y nos formó, Él, cuyas criaturas somos. Nuestro Señor Hermoso, también creo los cielos, el sol y la divina tierra. Tenedlo presente.

Así es en verdad: por su merecimiento, por su sacrificio, Él invento a los hombres y nos hizo luego seres humanos. Así, Él mismo llego a ser Energía Divina, el Señor y Señora de toda dualidad, el Gemelo Precioso. Así nos trasmitió Su aliento y Su Palabra.

Trece son los cielos, múltiples los escalones que llevan al último, inacabables los días. Allá esta, allí vive el Verdadero Creador, el Padre-Madre, el de las dos formas, el Ser del Cielo, Señor y Señora de la Dualidad. Suyo es el Orden del Cosmos (Ometeotl) y sobre los Trece cielos domina.

De allá arriba recibimos la vida nosotros, los merecidos (macehual). De allá arriba cae nuestro destino cuando es colocado, cuando se escurre un nuevo niñito a este mundo. De allá arriba viene nuestro ser y nuestra fortuna, en nuestro interior se mete; pues así lo ha ordenado El Creador de la Dualidad. Porque Él lo dijo, lo ordeno para sí, por eso existimos. No lo olvidéis nunca. Invocadle con suspiros, en aflicción.

El que sigue al Gemelo Precioso es un tolteca, es una lumbre, una antorcha, una gruesa antorcha que no produce humo. Hace sabios a los rostros ajenos, les hace tomar su corazón. Nunca pasa por encima de las cosas: se detiene, reflexiona, observa.

El verdadero tolteca, es un discípulo, es abundante, múltiple, inquieto, capaz, hábil; así mismo se adiestra, sabe dialogar con su propio corazón, encuentra respuestas dentro de sí.

El verdadero tolteca todo lo saca de su corazón; obra con deleite, hace las cosas con calma, con tiento, como artista; compone cosas, obra con habilidad, crea, arregla lo que está roto, hace convenir lo disperso, hace que las cosas se ajusten.

Por el contrario, el falso seguidor de Nuestro Hermoso Señor obra al azar, es una burla a la gente; opaca las cosas (es ocultista), pasa por encima del rostro de las cosas, hace sin cuidado; no crea, imita; defrauda a los demás, es un ladrón.

Atiendas la Palabra del Gemelo Precioso, de este modo os convertiréis en toltecas: si adquirís hábito y costumbre de consultarlo todo con vuestro propio corazón. Haceos toltecas: hombres de experiencia propia.

Conoced experimentalmente las estrellas, su nombre, su influjo; sabed como marcha el cielo, como da vueltas. Conoced la duración del año y de sus signos, como van las lunas en su orden debido, dieciocho veces veinte y retorna la cosecha, pero sobretodo, conoced cuánto dura la cosecha del hombre, la gestación de los humanos: trece lunas, trece veces veinte, cada una en su orden y viene el nacimiento. Y sabed cuánto dura la medida de la vida del hombre, para que nos quedemos sin florecer.

Conoced los símbolos sagrados, las palabras antiguas (huehuehtlahtolli). Cantad bien, hablad bien, conversad bien, responded bien, orad bien, alabar bien. La buena palabra no es algo que se compre.

Conoced la condición honorable, lo que es bueno; no cometáis adulterios, incestos, no os embriaguéis, no os entreguéis inmoderadamente al juego ni sometáis al azar; no vanaglories de vuestro linaje ni vuestra condición, se seáis indiscretos ni cobardes, no procuréis los primeros lugares.

Evitar los extremos, manteneos en el medio. Solo en el camino de en medio existe la condición social, la condición honorable. Así os convertiréis en toltecas y seguidores de El Creador, El Señor Uno.

El sabio es una luz, es tea, es un espejo horadado por ambos lados (sirve de reflejo y es transparente a la vez), suyas son las tintas rojas y negras de los libros sagrados, suyos los códices. El mismo es escritura y sabiduría, es camino, guía veraz para otros; conduce a las personas y las cosas y es una autoridad en los asuntos humanos.

El verdadero sabio es cuidadoso, guarda la tradición, posee la transmisión de la doctrina, le enseña a otros, sigue la verdad. Es un maestro.

Un maestro verdadero nunca deja de amonestar, así hace sabios los rostros ajenos, nos hace a los demás tomar un rostro y desarrollarlo, abre nuestros oídos, nos ilumina, es maestro de futuros maestros, ofrece un camino. De él, uno depende. Pues pone un espejo delante de nosotros, nos hace cuerdos, cuidadosos; hace que aparezca nuestra identidad, se fija en todo lo que hace, regula su camino, dispone y ordena, aplica su luz sobre el mundo. Por eso conoce lo que está por encima de nosotros y la Región de los muertos.

El falso sabio, en cambio, es como un médico que ignora su oficio o como hombre sin cordura: dice que sabe acerca de El Creador, que tiene la tradición y la guarda. Pero es solo vanagloria; solo tiene vanidad. Dificulta las cosas, es jactancioso, inflado; es un torrente, un peñascal. Amante de la oscuridad y los rincones, es un hombre misterioso, un brujo con secretos, un iluso que roba a su público, pues le toma algo suyo. Es un hechicero, posee semillas y hierbas maléficas, adivina, echa suertes, mata con sus remedios, empeora, encoge, enyerba: tuerce los rostros ajenos, los extravía; hace que los demás pierdan su identidad. Es falso, en lugar de aclarar, encumbre las cosas, las torna más difíciles, las mete en dificultades, las destruye; hace perecer a quien le sigue a fuerza de misterios; acaba con todo.

Y he aquí al Padre verdadero: es raíz y principio de linaje de hombres de bien. Bueno es su corazón, recibe las cosas, es compasivo, se preocupa. De él es la precisión, el apoyo: con sus manos protege. Cría, educa a los niños, les enseña y amonesta, les da ejemplos para vivir, les pone delante un gran espejo para que se conozcan a sí mismos.

Y he aquí el hombre bueno, pleno: tiene un corazón firme como piedra, un rostro sabio. Es dueño de su rostro y de su corazón. Hábil y comprensivo, buen componedor de textos, es un tolteca de la tinta negra y roja, un entendido. El Creador está en su corazón, y diviniza con su corazón las cosas; dialoga con su propio corazón.

Esto que les digo es alimento puro, comprendedlo. Pero es para comer aquí, sobre esta tierra, acercadlo a vuestros rostros. No nos hagáis semejante a piedras; pues ya sabéis que si una piedra es dura, no solo una vez se le golpeara, hasta que se quiebre.

Ved al venado, cuando lo persiguen, va asustado, ignora a donde va: al hueco, a la muerte. Y vosotros, ¿acaso sois venados para que no sepáis a dónde vas? Pues, os ha sido mostrado el camino; por vuestra propia voluntad os traicionareis si lo perdéis.

Ved al árbol florido que ya no retoña ni echa brotes si no resiste la helada, así vosotros, sino retoñáis y echáis ramas a la hora del verdor y del renuevo, por vuestra propia voluntad os habéis arrojado a la boca de las fieras

Hermanos hombres, no se concentren en las plumas y en los jades, que perecen. Miren arriba, a lo que nos supera, al interior del Cielo, pues allí está el mayor tesoro, El Verdadero Ser, El amigo eterno, El que otorga la vida, El que determina todo, El que da, El que quita y El que nos hace crecer como perfumadas flores de Su jardín”

***

“A la gloria de esa antigua sociedad de grandes poetas, matemáticos, filósofos y guerreros que añoraban una vida entre Flores y Cantos y una muerte al filo de la obsidiana”

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s