“Quetzalcoatl” no era un hombre blanco y barbado.

Quetzalcoatl barbado

Decir que el supuesto “dios prehispánico” Quetzalcoatl se trató de un HOMBRE BLANCO Y BARBADO (misionero) que visitó y civilizó América en un tiempo muy remoto, es quizás, la peor de las desfachateces intelectuales y el engaño más efectivo que los invasores católicos formularon con asombroso descaro y han venido difundiendo entre los incautos como un dogma de fe desde el siglo XVI; no obstante, para nuestra fortuna esta mentira colonialista es a su vez muy fácil refutar en la actualidad, gracias a que el conocimiento abovedado y enterrado del Anahuac ha comenzado a salir a la luz en las ultimas décadas. He aquí el propósito de este ensayo, echar por tierra la tosca mentira del “Dios blanco y barbado” que vino del “Viejo Mundo” para civilizar al “Nuevo”.

Podría bastar para desmentir esta falacia del “dios Quetzalcoatl blanco y barbado” con el contundente argumento histórico-revisionista de que en la Alta Religión del Anahuac no existía un culto a “centenares de supuestos dioses”, sino solamente se veneraba a un “DIOS-CREADOR ÚNICO” del cual se decía era incomprensible para la mente humana, innominable, irrepresentable y del cual emanaban todas las “Manifestaciones y Energías universales”, mismas que SI PODÍAN SER CONOCIDAS Y REPRESENTADAS por los hombres y que al ser de ese modo, los antiguos mexicanos se abocaron a estudiarlas y entenderlas para después, plasmarlas en sus “libros de pinturas” (códices) bajo la forma de ENTELEQUIAS o “símbolos ecuménicos” que explicaban al mundo en un lenguaje cifrado, pero que bajo ninguna faceta se les concebía como “dioses o criaturas divinas”.

No obstante, esta aseveración de la creencia en un solo “Dios-Creador” y no en múltiples “dioses”, lejos de ser una “invención moderna y sacada de contexto” como acusan los “patrañeros eurocentristas”, es en realidad éste, un conocimiento que nos fue legado por el propio sabio gobernante Nezahualcoyotl, quien a través de su excelsa obra poética y monumentos sagrados mandados a edificar durante su mando, dejo testimonio y una constancia clara del tipo de filosofía religiosa NO POLITEÍSTA del Anahuac, misma filosofía que hoy día las mejores mentes contemporáneas de nuestra cultura comprenden plenamente. Ante esta aplastante losa argumentativa, el cuento del “dios Quetzalcoatl blanco y barbado” cae por sí mismo, pues al no haber “dioses” en el México Antiguo, es una necedad insistir en la teoría de un “dios entre dioses” y además “blanco y barbado” (¡!).

dios quetzalcoalt

Sin embargo seamos osados y no dejemos nada a la especulación, por un momento asumamos sin conceder que el “arquetipo civilizador” o “esencia de la sabiduría” o Entelequia que los primeros mexicanos llamaron “Quetzalcoatl” fue en realidad un dios, pero no solo eso, también asumamos la fantasía católica de que se trató una persona de carne y hueso (un caucásico) que trajo el conocimiento a estas tierras y que tras su partida, con el tiempo los “salvajes preamericanos” terminaron divinizándolo; siendo de ese modo cabe realizarnos la siguiente pregunta, entonces ¿de qué otra información del Anáhuac se valieron los invasores para torcer la realidad y aseverar que Quetzalcoatl no solamente era un dios-hombre, sino que también era blanco y barbado, haciendo de ello un cuento totalmente creíble para las inmediatas generaciones de mexicanos catequizados?,

Pues aunque existe una explicación fehaciente y científica a esta pregunta, la primera parte de la respuesta es tan obvia y cómica, como obvia y cómica es la frase del viejo sabio presocrático Jenofanes cuando en una de sus tantas arengas filosóficas aseguro que “si los bueyes, leones y los caballos tuvieran manos, ellos dibujarían en cada caso a sus dioses semejantes a los bueyes, a los leones o a los caballos”… del mismo modo simplista opero la retrograda mentalidad invasora, pues para completar la dominación mental de los americanos (luego del inhumano despojo material), los frailes debían asegurarse de que “el dios más amado del Anahuac”, Quetzalcoatl, pasara a la posteridad pero totalmente reinventado y guardando parecido racial con ellos, es decir blanco y barbado, a la imagen y semejanza de los “nuevos dueños y señores” venidos de Europa.

Esto cumplió una doble función, el “cuento del dios blanco y barbado” por un lado continuó con la distorsión de la verdadera religión del Anahuac que desde épocas de tempranas de la Invasión, los europeos la hicieron pasar por “fanática, mesiánica y politeísta” y por otro lado, abonó al complejo psicólogo en la mente de los sometidos (hijos de los anahuacas), convenciéndoles de que sus padres estaban “destinados” a ser conquistados por seres blancos y barbados que les traerían la “religión verdadera” del mismo modo en que el redentor “dios blanco y barbado Quetzalcoatl” en el pasado trajo el conocimiento a sus abuelos.

Todo obedece a una franca operación a gran escala de LAVADO DE CEREBRO, tan efectiva y toxica que hasta nuestros días muchos mexicanos no han podido superar esta burla a la inteligencia humana (por ello, es doblemente urgente la necesidad de difundir ensayos como éste y otros más que desmienten cada falacia colonialista).

Ahora bien, vayamos al terreno histórico y científico. Al margen de que hemos dejado asentado que “Quetzalcoatl” no pudo haberse tratado de un dios, puesto que no es parte de un sistema de pensamiento religioso politeísta como lo establece lo dicho por Nezahualcoyotl, lo único que nos compete es entender la información contenida en los Códices ancestrales en la que es representado este “arquetipo universal de la sabiduría” llamado Quetzalcoatl, y con ello poder dilucidar si en alguna de estas representaciones ideográficas o escultóricas esta representado como “BLANCO Y BARBADO”.

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Pues bien, en las representaciones más fidedignas donde encontramos representado a Quetzalcoatl (Ehecatl-Quetzalcoatl), se le dibuja con una máscara con anteojos y con el pico de un pájaro que NO DA LUGAR A NINGUNA BARBA y en cuanto a su color de piel sabemos que los frailes se valieron de la “Cosmovisión de los Cuatro Tezcatlipocas” (Ver Leyenda de los Soles), siendo uno de esos “cuatro primigenios” el propio el Quetzalcoatl a quien en efecto se le simbolizaba con el color blanco, pero no por motivos de su supuesto color de piel, sino por el inobjetable hecho de que a Quetzalcoatl se le asignaba en esa cosmovisión como la “energía sagrada” guardiana del “Rumbo del Oriente” el cual era representado por el COLOR BLANCO puesto que es el lugar geográfico por donde sale el sol y llega “la blancura del día” (un sentido metafórico); si nos atenemos a decir que Quetzalcoatl era blanco de piel (y por ende de origen europeo) puesto que la “Leyenda anahuaca de los Soles” le llamaba también por el nombre del TEZCATLIPOCA BLANCO, entonces tenemos que aceptar el absurdo de creer que el TEZCATLIPOCA AZUL (otro nombre de Huitzilopochtli) mencionado en esa misma leyenda, era alguien perteneciente a una raza humana aun no conocida con la piel de color azul (¡!).

Pues así como la leyenda habla de un Tezcatlipoca blanco, lo mismo habla de uno oscuro, otro rojo y el azul, y no lo hace en términos raciales sino en términos simbólicos y metafóricos, pues a cada Tezcatlipoca le correspondía uno de los “Cuatro Rumbos del Universo” y estos están simbolizados (según la leyenda) precisamente por el color blanco, negro, rojo y azul. A partir de esta información cosmogónica anahuaca acerca del simbolismo del color blanco (la pureza) del Rumbo Cósmico del Oriente, fue que se valieron los difamadores colonizadores para pregonar a las nuevas generaciones de mexicanos la cruel mentira y confabulación de que su “amado Quetzalcoatl” era un hombre blanco. Solo un necio no podría entender esto.

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Ya aclaramos de donde salió el supuesto color blanco de la piel del “tergiversado y reinventado Quetzalcóatl” de los frailes, pero ¿qué hay con las barbas que se le atribuyen?… las artimañas de los invasores son tan predecibles que es obvio que la “estilizada lengua de la serpiente” de las muchas representaciones de la “Serpiente Emplumada” la hicieron pasar por una “barba”, pues en efecto, existen representaciones escultóricas de Quetzalcoatl en las que de las fauces de la serpiente sale un ROSTRO HUMANO y abajo del mentón de este rostro COMIENZA LA ESTILIZADA LENGUA de la serpiente, misma que cualquier neófito podría confundir fácilmente con una barba, pero no lo es. El estilo artístico de los anahuacas es muy claro una vez que se sabe reconocerlo, y en cada pieza una lengua es muy distinta de una barba.

Por otro lado, al ser ideográfico el sistema de escritura del México Antiguo, el dibujar a un personaje con un mechón de barba no necesariamente quería expresar que se trataba de una persona anciana, sino mas bien de una COSA ANTIGUA O VIEJA, y el más claro ejemplo de esto son las “barbas escurridas” del Tlaloc, otra de las principales “Entelequias” por excelencia de la filosofía náhuatl, pues esa barba del llamado “Señor de la lluvia”, no es otra cosa que decir en lenguaje figurado que el “agua cae a la tierra desde un tiempo muy anterior al hombre”.

Así pues, damos por entregado este breve pero conciso aporte para elevar la consciencia de los mexicanos, quienes nunca más deberemos creer en los cuentos para niños que nos hicieron dormir por 500 años y sí una vez más, declararnos seguidores de la EXCELSA FILOSOFÍA que el Anahuac heredó al mundo.

Una CIENCIA POÉTICA donde nuestros “Viejos Abuelos” plasmaron cien veces en sus prístinos Códices la imagen de la “Serpiente Emplumada” (Quetzalcoatl) no para advertirnos que se trataba de “dios-hombre blanco y barbado” quien había venido a salvarnos en el pasado (como lo aseguraron los que solo ven las sombras y no alzan la mirada), sino queriéndonos decir nuestros ancestros (en esa imagen reiterada y amada por ellos) que “hasta lo que se arrastra en el polvo (como una serpiente), algún día, si se lo propone también puede llegar muy alto (y le saldrán plumas para volar)”… eso es Quetzalcoatl… ¡Nuestro Iztauhqui (blanco) Tezcatlipoca!. Ese es el mensaje de nuestros antepasados, escuchémoslos, ya tocamos el fondo del abismo, “hagamos que nos salgan plumas… otra vez”

***

“A la gloria de esa antigua sociedad de grandes poetas, matemáticos, filósofos y guerreros que añoraban una vida entre Flores y Cantos y una muerte al filo de la obsidiana”

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