La “picardia mexicana” nos viene de siempre.

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Es un hecho poco conocido, pero la forma de ser “picante” del mexicano actual nos viene en la sangre, y una buena manera de probarlo es remitiéndonos a los relatos eróticos y “doble sentido” que existen dentro de la ilustre y prolifera literatura del México Antiguo. Narraciones antiguas que bien podrían ser equiparables a las encendidas expresiones contemporáneas y “cuentos cachondos” que tanto gustan a los mexicanos comunes de hoy día… y para no dejar cabo suelto, compartimos a continuación uno de estos ancestrales “cuentos colorados”, perteneciente al acervo tolteca que se conserva en los folios del 142 al 144 del Códice Matritense y que lleva por título: “LA HISTORIA DE TOHUENYO”.

Este mismo relato que líneas abajo compartiremos, constituye un buen ejemplo de esta forma de composiciones vehementes de los nahuas, pues se narra en ella, el ardor erótico que sin moderación enfermó a una princesa tolteca, quien descuidadamente, había contemplado el falo (pene) de un hechicero, quien transformado en “huasteco” se puso a vender chiles, desnudo, sin “maxtle” (taparrabo) en el mercado de Tula.

Disfruten de este antiguo relato mexicano lleno de picardía y voluptuosidad, especialmente seleccionado para recordar que la “SENSUALIDAD, EL AMOR Y LA AMISTAD” no es cosa de un día, sino los motores de cada instante en la vida, y si no fuera así, el “Dador de la Vida” no habría puesto en el Anahuac el Monumento Natural mas grande en honor al Amor, ese que esta a la vista de todos y sirve de majestuoso marco al Mexico-Tenochtitlan: la eternizada pareja de amantes sinceros que son las cumbres Iztaccihuatl y Popocatepetl.

Sin mas, aquí tienen la traducción del náhuatl al español de este relato erótico prometido:

////“La historia del Tohuenyo”///

… y he aquí otra cosa
que llevó a cabo Tezcatlipoca,
hizo algo que resultó un portento: 
se transformó, tomó rostro y figura de un Tohuenyo. 
Andando no más desnudo, colgándole la cosa, 
se puso a vender chile, 
fué a instalarse en el mercado,
delante del palacio.

Ahora bien, a la hija de Huémac, 
que estaba muy buena,
muchos de los toltecas la deseaban y la buscaban, 
tenían la intención de hacerla su mujer. 
Pero a ninguno hacía concesión Huémac, 
a ninguno le daba su hija.

Pues aquella hija de Huémac 
miró hacia el mercado, 
y fue viendo al Tohuenyo: está con la cosa colgando. 
Tan pronto como lo vió, 
inmediatamente se metió al palacio. 
Por esto enfermó entonces la hija de Huémac, 
se puso en tensión, entró en grande calentura, 
como sintiéndose necesitada 
del pájaro -miembro viril- del Tohuenyo.

y Huémac supo luego: 
ya está enferma su hija. 
Dijo entonces a las mujeres que la cuidaban: 
-“¿Qué hizo, qué hace? 
¿cómo comenzó a entrar en calentura mi hija?” 
y las mujeres que la cuidaban respondieron: 
-“Es el Tohuenyo, que está vendiendo chile: 
le ha metido el fuego, le ha metido el ansia, 
con eso es que comenzó, 
con eso es que quedó enferma.”

y Huémac, el Señor, 
en vista de esto dió órdenes y dijo: 
-“Toltecas, búsquese el que vende chile, 
aparecerá el Tohuenyo”. 
y luego fué buscado por todas partes.

y como no aparecía nadie, 
por esto el heraldo empezó a pregonar 
desde el Cerro del Pregón. Dijo: 
-“Toltecas, ¿acaso en alguna parte habéis visto al vendedor de chile, 
al Tohuenyo? Traedlo acá. El Señor lo busca”.

Enseguida se hacen pesquizas, 
en ninguna parte anda, 
revuelven toda Tula y aunque hicieron todo esfuerzo 
no lo vieron por ninguna parte. 
Entonces vinieron a comunicar al Señor 
que en ninguna parte hahían visto al Tohuenyo.

Pero después por sí mismo apareció el Tohuenyo, 
no más se vino a instalar, 
donde había aparecido por primera vez. 
y cuando lo vieron los toltecas, 
corrieron a informar a Huémac, 
le dijeron: 
-“Ya apareció el Tohuenyo”.

A lo cual dijo Huémac: 
-“Venga acá a toda prisa”. 
Apresurados fueron los toltecas a traer al Tohuenyo, 
lo hicieron venir ante el Señor.

Y cuando lo trajeron ante él, 
inmediatamente Huémac lo interrogó: 
-“¿Dónde es tu casa?” 
El otro respondió: 
-“Yo soy un Tohuenyo, ando vendiendo chilito”.

Y el Señor Huémac le dijo: 
-“¿Pues qué vida es la tuya, Tohuenyo? 
Ponte el maxtle, tápate.” 
A lo cual respondió el Tohuenyo: 
-“Pues nosotros así somos”.

Dijo luego el Señor: . 
-“Tú le has despertado el ansia a mi hija, 
tú la curarás:’

Respondió el Tohuenyo: 
-“Extranjero, señor mío, eso no podrá ser. 
Mátame, acaba conmigo, 
¡muera yo! Qué es lo que me dices? 
Si no soy más que un pobre vendedor de chile”.

Entonces el Señor le dijo: 
-“Pues no, tú la curarás, no tengas miedo.”

y enseguida le cortaron el pelo,
lo bañaron y después de esto, lo ungieron,
le pusieron un maxúe, le ataron la manta.
y cuando lo dejaron así arreglado,
le dijo el Señor:
-“Mira a mi hija, allá está guardada”.

y cuando el Tohuenyo entró a verla, 
luego cohabitó con ella, 
y con esto al momento sanó la mujer. 
En seguida, se convirtió el Tohuenyo en el yerno del Señor.

y luego por esto 
hubo burlas acerca de Huémac, 
los toltecas se mofaban, bromeaban acerca dé él, 
decían: 
-“¡Conque el señor ha hecho su yerno a un Tohuenyo!”

Entonces Huémac convocó a los toltecas, 
les dijo: 
-“He oído que se dicen chistes acerca de mí, 
que soy objeto de risa, 
por haber hecho mi yerno a un Tohuenyo. 
Pues idlo a dejar con engaño 
en Zacatepec, en Coatepec”.

Enseguida anunciaron la guerra los toltecas, 
todos a una se pusieron en movimiento. 
Luego se van para dejar abandonado al yerno.

E idos ya al lugar de la guerra, 
colocaron aparte al Tohuenyo 
con todos los enanos y tullidos. 
y puestos todos éstos aparte, 
se fueron los toltecas para hacer cautivos 
entre sus enemigos los de Coatepec.

El Tohuenyo dijo entonces 
a todos los enanos y tullidos: 
-“No tengáis miedo, aquí acabaremos con ellos, 
aquí en nuestras manos perecerán”.

y así las cosas, hicieron huir 
sus enemigos a los toltecas.

Pensaron éstos 
que sus enemigos matarían allí al Tohuenyo, 
de este modo con engaño lo habían dejado, 
lo dejaron a morir.

Entonces vinieron para informar al señor Huémac, 
le dijeron: 
-“Ya fuimos a dejar allá al Tohuenyo, 
el que fué tu yerno”. 
Mucho se alegró Huémac, 
pensó que tal vez era cierto, que tal vez era así, 
porque estaba avergonzado 
de haber hecho su yerno a un Tohuenyo.

Pero aquel Tohuenyo, 
que habían ido a abandonar en la guerra, 
cuando vinieron ya sus enemigos, 
los de Coatepec, los de Zacatepec, 
entonces mandó a enanos y corcobados, 
les dijo: 
-“Tened mucho ánimo, no tengáis miedo, 
no os acobardéis, no desmayéis, 
no os dejéis abatir! 
Yo lo sé, todos vosotros haréis cautivos, 
como quiera que sea a todos los mataréis”.

Y ouando sus enemigos 
vinieron a caer sobre ellos, a oprimirlos, 
luego el Tohuenyo y los suyos los hicieron venir por tierra, 
les dieron muerte, acabaron con ellos, 
a muchísimos destruyeron; 
tantos, que no pudieron contarse, 
los que matarón de sus enemigos.

Y cuando el Señor Huémac oyó ésto, 
mucho se perturbó y se abatió: 
convocó luego a los toltecas, 
les dijo: 
-“Vamos a encontrar a vuestro yerno”. 
Con esto se ponen en movimiento los toltecas, 
se alborotan. 
Van en compañía del Señor, van a su alrededor, 
van en tumulto, para encontrar al Tohuenyo.
Van llevando los toltecas aderezos, 
un tocado de plumas de quetzal, 
un escudo hecho de mosaico de turquesas. 
Cuando estuvieron cerca del Tohuenyo, 
luego le hicieron dones, 
le dieron el tocado de plumas de quetzal, 
y su escudo de mosaico de turquesas, 
y todos los aderezos que llevaban consigo.

Con estas insignias va bailando, 
va bailando la danza del cautivo, va haciendo contorsiones, 
va haciendo ostentaciones, cambiando de lugar. 
Ellos le van cantando. 
El canto se va matizando, 
el canto va repercutiendo. 
Le van tocando flautas, 
las trompetas van resonando, 
los caracoles van lanzando su sonido.

y cuando hubieron llegado al palacio, 
entonces pusieron plumas en la cabeza del Tohuenyo 
y lo ungieron de amarillo. 
y le pintaron su rostro de rojo. 
y todos sus amigos del mismo modo fueron ataviados.

y a la postre dijo Huémac a su yerno: 
-“Ahora quedó satisfecho el corazón de los toltecas 
de que tú seas mi yerno. 
Lo haz merecido; 
toma asiento en la tierra, da reposo a tus pies”.

(aquí termina el relato)

erotismo nahua 3

***
“A la gloria de esa antigua sociedad de grandes poetas, matemáticos, filósofos y guerreros que añoraban una vida entre Flores y Cantos y una muerte al filo de la obsidiana”

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