La “mano asesina” de Cortés

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Fue un día 4 de julio de 1526, cuando llegó a la ciudad de México el juez Luis Ponce de León, enviado por Su Majestad “Carlos V” para encargarse de investigar y enjuiciar a Hernán Cortés, quien acaba de regresar de su expansionista campaña militar a las Hibueras (Centroamérica). En cuanto arribó a tierras aztecas, Ponce de León presentó sus provisiones y autorizaciones reales e inmediatamente desposeyó a Cortés de su “vara de gobernador” (y bastón de mando) e hizo pregonar al público citadino que se le haría juicio a su gobernante por órdenes del rey. Sin embargo, a los pocos días, el juez Ponce de León EXTRAÑAMENTE cayó enfermo de gravedad y murió el día 20 del mismo mes (se dice que había comido unos quesos “contaminados”), dejando de esa manera aplazado el juicio contra Cortes, hasta que el proceso se reanudó meses después cuando estuvo designado el juez sustituto en la persona de Marcos de Aguilar.

No obstante, una vez más “la buena suerte” (o la mano asesina) se puso del lado de Cortés, pues éste segundo juez Marcos de Aguilar, murió también a los 6 meses de haber tomado el proceso contra el Capitán castellano, apareciendo muerto en su oficina en marzo de 1527; fue entonces, que dada la coincidente rareza de las muertes de ambos jueces, la Corona resolvió preventivamente que Cortés quedara separado indefinidamente del cargo de Gobernador y también fuera desterrado de la ciudad de México, para que su lugar lo ocupara Alonso de Estrada. Alarmado de que las cosas no iban saliendo como esperaba, Hernán Cortés decidió escapar al año siguiente a España en marzo de 1528, adelantándose a la llegada en diciembre de la primera Audiencia real a la “Nueva España”, presidida por el pesquisidor Nuño de Guzmán, quien tenía toda la firme intención de retomar los juicios truncos contra Cortés, mismos que dejaron apenas iniciados, los “fallecidos” (o asesinados) Ponce de León y Marcos de Aguilar.

Finalmente, luego de dos años de largas pausas y aplazamientos forzados, el juicio se reactivo por tercera vez en enero de 1529 formulándose un ampliado interrogatorio para los testigos presentados para el caso, constando de un cuestionario con 68 preguntas todas relativas a las acusaciones oficiales que pesaban sobre el exgobernador Cortés. En total, se recogieron las declaraciones de no uno, ni cinco, sino de 22 TESTIGOS claves, entre los cuales se encontraban españoles muy cercanos a Hernán Cortés, como lo fueron: Bernandino Vázquez de Tapia, Gonzalo Mejía, Cristóbal de Ojeda, Juan de Burgos, Francisco Verdugo, Antonio de Carvajal, Francisco de Orduña, Bernandino de Santa Clara y el traductor que lo acompañara en los años de la guerra contra los mexicanos, el tal Gerónimo de Aguilar. Lo sorprendente y lo que no cuenta la “Historia oficial” es que todos los declarantes dieron pauta a confirmar los cargos criminales que se imputaban a Cortés desde años atrás, pues TODOS ELLOS DECLARARON que el Capitán castellano:

“…tenía oro escondido en navíos y haciendas, que en secreto quería apropiarse de las nuevas tierras y traicionar al rey, que había construido fortalezas para sí mismo, que tenía muchas armas almacenadas en sus múltiples casas, que había violado a muchas mujeres aunque fuesen casadas y madres, que jugaba juegos de cartas y naipes prohibidos por la iglesia, que consentía blasfemias en sus fiestas, que esclavizaba indios por doquier y les marcaba el rostro con hierros calientes, que las cárceles solo estaban llenas de enemistades suyas y no de criminales verdaderos y que era sospechoso de la muerte de una larga lista de opositores políticos suyos…”

Siendo una de las acusaciones más terribles, la declaración de Juan de Burgos, quien dijo al juez investigador del caso, que Cortés había asesinado a su propia esposa Catalina Xuarez Marcaida, misma acusación que confirmó el otro testigo Antonio de Carvajal y la propia familia de la occisa primera mujer de Cortés. Poco más tarde, ante la gravedad de este hallazgo, al juicio por corrupción contra Hernán Cortés, se le añadió un juicio paralelo por el homicidio de Catalina Xuarez, promovido por la misma familia de la asesinada.

A 500 años, nos preguntamos: ¿Este es el tipo de hombre que el Rey de España y sus adoctrinados lacayos defienden y ensalzan como héroe?… (pues mucha ignorancia o mucha afinidad con él tendrán).

“Archivo General de Indias”, CDIAO, t. XXVII, pag. 5-59 y Tomo II “Documentos Cortesianos”

***

“A la gloria de esa antigua sociedad de grandes poetas, matemáticos, filósofos y guerreros que añoraban una vida entre Flores y Cantos y una muerte al filo de la obsidiana”

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