Los sacrificios humanos de la Santa Inquisición.

pochemu-vedm-szhigali-istoriya-samoj-zhestokoj-kazni-srednevekovya

En 1519, año en que Hernán Cortés arribo por primera vez a las costas de México, ya se practicaban horribles SACRIFICIOS HUMANOS; sin embargo, estos sacrificios en honor a una deidad NO se realizaban en nuestro valle de Anáhuac, sino en los reinos de la PROPIA EUROPA con Hispania a la cabeza.

Para finales del Siglo XV, tras poco más de una década de haber sido fundada en 1478 por los Reyes Católicos, la “máquina” de sacrificios humanos mayormente conocida como la INQUISICION ESPAÑOLA, ya llevaba en su haber cerca de 2,000 víctimas y otras tantas 15,000 en proceso. A lo largo de los tres siglos que duro la Inquisición española (periodo que coincide paradójicamente con el lapso que duraron sus colonias en América) el número de personas sacrificadas por esta terrorífica institución europea se cuenta por decenas de miles (la mayoría mujeres jóvenes acusadas de “brujas”), no obstante, la cantidad de humanos perseguidos y brutalmente torturados en ambos lados del Océano Atlántico por los barbáricos inquisidores, es tan grande que se torna verdaderamente irrastreable.

Antes de proseguir, es preciso atenernos a la definición tácita del concepto de “sacrificio humano” para comprender y nombrar a las cosas con su justa denominación, por lo cual, nos viene bien en este momento citar la mencionada definición, la cual es como sigue:

“Del latín sacrificĭum, un sacrificio humano es la ofrenda de un ser humano a una deidad en señal de homenaje o expiación (de culpas o pecados). En sentido amplio, es toda muerte ritual de una o muchas personas a manos de un tercero o de una institución”

Con lo anterior, queda cabalmente asentado que los miles de individuos asesinados salvajemente por la Inquisición (misma que estaba bajo el control directo de la Corona española y sus Reyes católicos), no se trataron de ajusticiamientos, ejecuciones o simples homicidios como intentan hacerlos pasar los “patrañeros eurocentristas”, sino que esos miles de seres arrojados a la “hoguera sacrificial de la Inquisición” CUMPLEN en toda regla en la tipificación de SACRIFICIOS HUMANOS, puesto que la razón de sus muertes no fue un crimen o delito del orden cívico (como robar joyas o no pagar impuestos al rey), sino que fueron ocasionadas MERAMENTE por incurrir en supuestos “pecados y herejías”, las cuales a todas luces, son causales y concepciones religiosas y no cosas oriundas del derecho penal.

Inquisicion

A lo anterior, sumamos el hecho evidente de que dichas personas sacrificadas por la Inquisición se les mataba en nombre de la DEIDAD católica (Jehova), bajo la desquiciada cosmovisión de que así sería “reparado el mal en el mundo” y “salvadas sus almas”. Finalmente, todas las victimas sacrificadas por los sacerdotes de Europa, morían bajo rituales religiosos (cumpliendo así el último requisito de la definición), pues los incautos eran atados de pies y manos contra su voluntad para ser quemados vivos, luego de pasar algunos minutos siendo enfrentados al símbolo del crucifijo, mientras el resto de los verdugos exaltaban la ceremonia ritual, leyendo salmos o versículos de sus libros sagrados, siempre en honor a la deidad católica europea.

No obstante, si lo anterior no fuera suficiente, bastaría con citar textualmente “el lema” inscrito en el emblema del sello oficial de la Inquisición española, para demostrar por completo que lo que sucedía en los calabozos y patios de los templos católicos de Europa eran indiscutiblemente “Ritos de Sacrificio humano”, dados en homenaje a una deidad y no simples asesinatos de orden común. Despejemos dudas y transcribamos el lema del infame escudo inquisitorial, el cual reza así:

“EXURGE DOMINE ET JUDICA CAUSAM TUAM. PSALM. 73”
Frase en latín y que traducida se lee: “Álzate, oh Dios, a defender tu causa. Salmo 73”

1-escudo-de-la-inquisicion

Esta frase habla por sí sola y deja en claro la naturaleza ritual y religiosa de las muertes que pesan sobre la Inquisición. Es pues, no un rumor, ni una calumnia, ni un invento la existencia (documentada e incontestable) de los Sacrificios humanos practicados en Europa desde antes de su contacto con el Anáhuac. Sobreviven todo tipo de pruebas CONCLUYENTES que confirman estas prácticas barbáricas cometidas por los religiosos europeos, pruebas tales como restos arqueológicos, osamentas, TESTIMONIOS PRESENCIALES, libros y documentos oficiales.

Una de estas pruebas es el extensísimo y detallado ”Manual de la Inquisición” intitulado en latín como “Malleus Maleficarum”, donde están plasmadas la ideología y las instrucciones (de inicio a fin) que habían de seguir los sacrificadores católicos: desde como seleccionar a sus víctimas, como llevar correctamente el cruel proceso ritual (que incluía inenarrables torturas físicas y psicológicas a los candidatos a sacrificio), hasta la culminación del barbárico acto con la muerte de los “blasfemos” en la “hoguera sacrificial” en medio de espantosas ceremonias en secreto o ante la vista pública. Este libro es tan ruin e insidioso, que incluso da espacio a la pregunta sobre si los demonios podrían ser los padres de los hijos de las brujas y prevé las posibles “reparaciones”.

De este Libro Manual de la Inquisición (también conocido bajo el sugestivo nombre de “El Martillo de las Brujas”), para fortuna de los honestos investigadores, han llegado copias hasta nuestros días y se conserva su pensamiento original y texto que data desde el año 1486 (de antes de los viajes de Colón). También se sabe que este oscuro libro, fue escrito por los frailes Henrici Institoris y Jacobus Sprenger quienes contaron con la venia del Papa Inocencio VIII, quien los legitimó para realizar sacrificios humanos contra los “herejes enemigos de la Iglesia” y en honor de su deidad católica. Todo esto quedó registrado mediante una Bula papal en el año de 1484 que autorizaba los sacrificios en todos los territorios dependientes de Roma. La palabra fría y sin alma de esta Bula (carta del Papa) termina con la siguiente frase llena de fanatismo y misantropía:

“… que ningún hombre se nos interponga, pero si alguno se atreviera a hacer tal cosa, Dios no lo quiera, que sepa que sobre él, caerá la ira de Dios Todopoderoso, y el de los santos y apóstoles Pedro y Pablo”

HernanCortes

Por otro lado, se incide que el invasor Hernán Cortés comulgaba con los dogmas de la Inquisición y al ser un devoto de sus leyes conocía los manuales de la misma, tanto es así, que fue el propio Cortés quien ordenó los PRIMEROS SACRIFICIOS HUMANOS INQUISITORIOS en América en el temprano año de 1520, cuando envió a prisioneros anahuacas a la “hoguera sacrificial” en nombre de su deidad romana, todo esto como se puede apreciar justo ¡un año antes de que invadiera y masacrara Tenochtitlan!

Otro caso famoso de sacrificio humano inquisitorio, fue el cometido contra el tlatoani tarasco Caltzontzin, a quien el invasor Nuño de Guzmán acuso de idolatría y herejía. De lo que si se tienen pruebas, es que partir de 1522 (y no es coincidencia) precisamente un año después de la caída de Tenochtitlan, los sacrificios humanos se dispararon y se realizaban sistemáticamente, pero los perpetraban los invasores católicos en contra de las poblaciones nahuas y autóctonas y no al revés. No se trataron de asesinatos de guerra, sino de nueva cuenta esas muertes caen en la categoría de sacrificios humanos, pues en cada caso, fueron dirigidos estos sacrificios bajo el ritual de la Inquisición y realizados por sacerdotes católicos que ya se encontraban en el Anáhuac actuando con poderes directos del Papa y la Corona española.

Casualmente, muchos de los sacrificios humanos inquisitorios que se practicaron en nuestras tierras ya en plena época del establecimiento de la Colonia, fueron ordenados en contra de rebeldes y dirigentes anahuacas (como el caso del tlatoani texcocano Ometochtzin, nieto de Nezahualcóyotl) a quienes los invasores, acusaron (irónica y convenientemente) de practicar sacrificios humanos que ofrendaban en secreto a los supuestos “dioses prehispánicos”.

Llegados a esta parte del texto, cabe una suspicaz y fundada reflexión que cualquier mente despierta y aguda ya debería comenzarse a formular a estas alturas, pues se puede constatar con cientos de pruebas de todo tipo, que desde antes de su llegada al “Cem Anáhuac” (entiéndase América), los europeos y en particular los regidos por la Corona española, ya contaban en sus territorios con toda una tremenda institución y aparato de control religioso fundamentado en los sacrificios humanos. Siendo así, nos planteamos las siguientes interrogantes:

¿Será acaso posible, que toda su perversión religiosa y sistema de terror que traían consigo los europeos en su viaje hacia América, la terminaran proyectando psicológicamente en los nuevos contactados, es decir, en los anahuacas (al igual que un psicópata y asesino en serie en un tribunal moderno, imputaría a sus víctimas la responsabilidad de sus sangrientos actos para así expiar sus culpas)? , o bien…

¿Es posible que las mentes europeas, adoctrinadas en el arte de sacrificar personas en el nombre de una deidad y bajo simbología religiosa, confundieran con supuestos “sacrificios humanos ofrendados a dioses” a las normales ejecuciones marciales y ajusticiamientos civiles ordenados por los órganos jurídicos del gobierno anahuaca que ordenaban de común a manera de purga social, para procesar con la pena de muerte a los peores individuos quebrantadores de la ley cívica?

Nos parece que la respuesta a estas lícitas dudas no está en el aire, sino que se halla en la lógica y el sentido común.

Resulta sospechoso que los mismos crímenes y ATROCIDADES salidas del más hondo fanatismo religioso, que los españoles cometían contra sus propias poblaciones y presuntos “herejes”, apenas unos años después de autorizadas por Roma, COINCIDENTEMENTE las vinieran a encontrar con idéntica tesitura en la recién descubierta América, y no solo eso, sino que se declararan escandalizados y horrorizados (como si provinieran de un mundo impoluto y ajeno a ver gente siendo quemada viva en las plazas públicas de todas la ciudades) por supuestas “barbáricas costumbres de sangre” de los habitantes del “Nuevo Mundo” y encima de ello, usaran de “bandera para su sagrada misión evangelizadora” esa misma acusación tan ampliamente difundida y TAN POBREMENTE COMPROBADA de que los anahuacas eran obsesivos sacrificadores.

A la luz de las innumerables y apabullantes pruebas que retratan a Europa como una civilización sacrificadora de pueblos (por lo menos desde la Fundación de Roma) y ante la “INEXPLICABLE” ausencia de montones y montones de evidencias arqueológicas y restos de sacrificios humanos que serían de esperarse encontrar en un “lugar infernal” que sacrificaba gente a una velocidad de “30,000 víctimas anuales” como se le acusa al Anáhuac en las crónicas de los invasores, solo nos queda decir que alguien no ha parado de mentir desde hace 500 años, y lo hace terriblemente. La Historia algún día nos revelará la verdad, de eso no tenemos duda. De momento todas las hipótesis marchan en dos sentidos y NO MÁS:

• O el sacrificio humano es algo común e intrínseco a las civilizaciones humanas sin importar la latitud y credo. Siendo normal entonces considerarlo permitido, tanto en España como en el Anáhuac.

a3275367f9980ce238f08c584a291644

• O por el contrario, los sacrificadores de los últimos dos milenios, es decir, las coronas europeas, perversamente tienen la vil costumbre y cobarde estrategia de acusar de “sacrificadores” a los pueblos dignos que someten y esclavizan (celtas, anahuacas, incas, africanos, sajones, etc.) para de ese modo, impunemente poder “SACRIFICAR EN LA HOGUERA A LOS SUPUESTOS SACRIFICADORES ENEMIGOS SUYOS”.

Inquisicion en America

Veamos a donde nos llevan las futuras investigaciones. Sigamos al tanto de lo que nos dice la ciencia actual que de a poco está desentrañando la verdad y pongamos de una vez en el casillero de “Ciencia Ficción”, los delirios y exabruptos escritos en las Crónicas de la Conquista según la versión de “los nuevos apóstoles San Hernán Cortés o según San Bernal Díaz del Castillo” que tanto citan y recitan, cual “Nuevos Evangelios canónicos”, los patrañeros eurocentristas.

De momento, atesoremos este viejo adagio: “La maldad y la mentira son la telaraña que los hombres tejen contra sí mismos”.

***

“A la gloria de esa antigua sociedad de grandes poetas, matemáticos, filósofos y guerreros que añoraban una vida entre Flores y Cantos y una muerte al filo de la obsidiana”

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s