El Manto de la Virgen de Guadalupe: del “Viejo Pacto” a la nueva idolatría.

manto virgen.png

Es mentira que los sobrevivientes del Anáhuac, aun en resistencia durante los primeros años de la Colonia creyeran que una “Virgen Madre Dios” o una “aparición divina” se presentó en el año de 1531 en el monte del Tepeyac como dicta la creencia popular.

Si algunos anahuacas abrazaron la imagen de la Virgen de Guadalupe en aquellos años recientes a la Caída de Tenochtitlan, NO FUE porque creyeran que en el “ayate de Juan Diego” quedara plasmado milagrosamente el retrato de una aparición divina, eso, es uno más de los mitos y malas intencionadas distorsiones acerca la historia real de nuestro país y justamente la motivación de esta nueva publicación es dejar en claro porque son tristemente los creyentes guadalupanos de hoy siglo XXI los verdaderos idolatras y engañados, y no los “primeros guadalupanos” del siglo XVI. La realidad es a la inversa.

Fue a mediados del siglo XVI, que tanto anahuacas como españoles (tanto defensores como invasores) trabados aun en feroces combates, supieron de la repentina existencia de un peculiar “Lienzo pintado” en poder de Fray Juan de Zumárraga, dicho pedazo de tela contenía la delicada imagen (de la para ese entonces novedosa versión americana) de la Virgen de Guadalupe que era la “Deidad Patrona” de la Provincia de Extremadura en España de donde procedía Hernán Cortes. No obstante, aquellos hombres en guerra, desde el inicio fueron TOTALMENTE CONSCIENTES de que dicha “nueva versión” de Guadalupe de Extremadura que reunía elementos europeos con los indígenas (“Tonantzin-Coatlicue”), había sido pintada POR MANOS HUMANAS y QUE NO OBEDECÍA a la aparición en el Tepeyac de ninguna “mujer divina” la explicación de la existencia de aquel extraño lienzo.

santa-maria-de-guadalupe-500x336

Sin embargo, la razón del por qué este “manto sacro” de la “Virgen Morena” fue tan respetado y reverenciado con seriedad en el lejano siglo XVI, tanto por propios como por extraños, fue porque representaba en sí, el SALVOCONDUCTO DE PACTO DE PAZ que la iglesia católica a través de Fray Juan de Zumárraga (quien persuadido por consejeros indio), había lanzado a los jefes militares anahuacas en lucha, pretendiendo con ello “agradarles” y persuadirles de poner fin a las hostilidades contra la corona española, o por lo menos, establecer un primer paso para alcanzar la rendición negociada de los anahuacas, a cambio de conservar parte de su antigua religión y de ese modo capitular de una vez por todas la guerra iniciada en 1519, para luego establecer con ello, de manera definitiva la colonización y abrir paso a las aspiraciones europeas de tener un “virreinato pacífico”.

De acuerdo a lo anterior, es irreal considerar al manto de la Virgen de Guadalupe como un “lienzo milagroso”, pues en estricto sentido histórico debe ser considerado el “Lienzo Guadalupano” como una CARTA IDEOGRAFICA que describe un pretendido (y polémico) ACUERDO DE PAZ, como así fue reconocido de inicio por TODO el Anahuac, incluyendo a los propios invasores. Es un hecho natural, que en los albores de la Colonia, el “ayate de Juan Diego” fuera tomado por todos los habitantes de la “Nueva España” como un DOCUMENTO PICTÓRICO que plasmó los “términos de rendición” para acabar con la guerra, mas nunca fue tomado en esos primeros momentos de su anunciamiento como el “RETRATO MILAGROSO de la Virgen”; por tanto, es obligación nuestra como hombres despiertos y enterados, el concientizar a los mexicanos de hoy y hacerles ver que la imagen de la “Virgen Morena” de ninguna manera es una imagen indigna o despreciable, puesto que contiene una pequeña porción de “lo que se salvó del México Antiguo”, pero de ninguna manera tampoco es una imagen “sagrada” puesto que no es una fidedigna “imagen venida del cielo” como se ha pretendido hacer pasar por los oscurantistas colonizadores.

Simplemente el “Manto de la Virgen de Guadalupe” se trata de un CÓDICE VIRREINAL escrito en idioma autóctono y que aunque merece TODO NUESTRO RESPETO Y VALORACIÓN como parte del acervo de nuestra historia nacional, de ninguna manera debe tomárselo como una reliquia sagrada a la cual debemos venerar e idolatrar como si se tratara de un “tesoro celestial”, y no decimos esto por soberbia o ignorancia, sino sencillamente porque resultaría ridículo, pues como hemos puntualizado con justa razón, se trata de una pintura cuyo mensaje podían descifrar los dirigentes anahuacas y constituía un intento ventajoso de poner fin a la guerra en los términos que mejor convenían a la corona española y nada más.

3a_apar_anon_18_2

Así pues, lo que paso en el Tepeyac ese 12 de diciembre de 1531 (otras versiones apuntan al año 1550) puede ser calificado sobriamente y sin exageraciones, como un evento político y militar entre los representantes de la corona española (presente Hernán Cortes) y unos cuantos de los líderes de la resistencia anahuaca (que no todos), un “acuerdo diplomático” alcanzado por ambos bandos del conflicto armado para “pacificar” la pugna que en esos años desangraba al invadido Anahuac de costa a costa, algo que no convenía a ninguna de las dos partes, pues por el lado español la creciente guerra y violencia imposibilitaba la estabilidad de su régimen, y por el lado anahuaca, el número de muertes y destrucción se había vuelto insostenible, y aunque la victoria aún seguía “visible en el horizonte”, lo único que iban a recuperar de seguir así las cosas era un territorio completamente en ruinas.

Dicho TRATADO DE PAZ, hoy conocido como “Manto de la Virgen de Guadalupe”, fue creado gracias a la colaboración del “tlacuilo” (escribano) indígena converso Marcos Cipactli quien bajo la supervisión de Fray Alonso de Montufar, pintó dicha “carta de pacificación” de la Virgen Morena en el IDIOMA ANCESTRAL del Anahuac, es decir en forma de CÓDICE O DIBUJO SIMBÓLICO, precisamente porque aquellos primeros mexicanos que seguían en pie de guerra contra la instauración de la Colonia (al igual que sus ancestros), no usaban letras alfabéticas para “escribir” como lo hacemos nosotros hoy día, pues nuestros antepasados utilizaban símbolos y figuras IDEOGRAFICAS para transmitir su Conocimiento y mensajes; en otras palabras, los anahuacas todo lo dibujaban, nada lo escribían, pues se decía que solo los Símbolos y no así las letras (signos), servían para representar los más elevados conceptos humanos, pues a la par lograban evocar ideas y sentimientos vivos en quien los “leía”, apelando no solamente a la parte cognoscitiva de los seres humanos, sino también a su parte emotiva y espiritual.

Fue por ello que el TRATADO DE PAZ DEL TEPEYAC o LIENZO GUADALUPANO desde el inicio se trató de una PINTURA y no de un documento escrito en letras latinas o en algún idioma occidental (como fuese el caso reciente de los Tratados de Versalles escritos con letras, mismos que pusieron fin a la Primera Guerra Mundial al servir de “CARTAS de acuerdo de PAZ”)

19-min

No obstante a pesar de la verdad expuesta hasta ahora, en este punto del presente ensayo sigue en el aire una terrible interrogante: si lo anahuacas del siglo XVI, SABÍAN PERFECTAMENTE que el “lienzo de Juan Diego” no era producto de un milagro ni mucho menos la prueba de una aparición divina en el Tepeyac, sino el resultado DIRECTO de una obra humana destinada a servir de “Carta de Negociación de la Paz” escrita expresamente en el idioma que entendían los “jefes anahuacas” de la resistencia; entonces, ¿Por qué hoy en día, buena parte de la población del país, cree todo lo contrario?, es decir, ¿Por qué muchos mexicanos consideran que realmente una Virgen Morena apareció en el Tepeyac y dejo plasmada milagrosamente su divina imagen en el ayate de un indígena?.

La respuesta a la pregunta anterior, es muy simple lo mismo que indignante, y es que una vez más, el invasor europeo hizo gala de su falta de escrúpulos para hacerse del poder total y mintió faltando a su palabra, pues la Iglesia católica y la corona española traicionaron a quienes en su momento atendieron su “oferta de paz” y décadas después de aceptado y respetado al acuerdo de deposición de las armas que representaba la “imagen de la Virgen Morena”, precisamente en el año de 1648, los clérigos trastocaron el viejo pacto e inventaron el indecible “Mito Guadalupano”, al descaradamente difundir en sus iglesias y colegios de todos los niveles sociales que una “Virgen Morena” se le apareció realmente al supuesto indio Juan Diego en el monte sagrado del Tepeyac ese 12 de diciembre de 1531, pidiéndole a “su pueblo aun en lucha que dejara las armas y aceptara la Nueva Religión traída del otro lado del mar, pues esa era la voluntad de Dios”

Aparición-de-la-Virgen-de-Guadalupe-a-Fray-Juan-de-Zumárraga-Especial-1-e1512952684986

Esta inhumana mentira que pone de relieve la podredumbre moral del virreinato, fue fácilmente creída por la ciega sociedad novohispana del ya adentrado siglo XVII, pues para ese entonces, la población originaria del Anahuac había sido casi completamente evangelizada y asimilada, luego de ser sometida por varias generaciones a la constante conversión católica y al lavado de cerebro colonialista (quedando la resistencia de la vieja Anahuac que NO ACEPTO EL TRATADO DE PAZ relegada en pequeñas burbujas rebeldes, en apartadas regiones, lejos de las ciudades principales), borrando así el rastro de lo que verdaderamente fue el origen del CÓDICE VIRREINAL GUADALUPANO como documento que pactaba una “paz” al modo que visualizo la iglesia en ese momento, pero que a la postre por intereses aún más mezquinos, paso a ser mostrado por la misma iglesia católica, como una milagrosa y fehaciente PRUEBA DE LA APARICIÓN MARIANA en tierras americanas.

Entre los clérigos que impulsaron la mentira de la aparición en el Tepeyac, encontramos al padre franciscano Miguel Sánchez a quien se le considera el autor intelectual de la propagación de este engaño en el siglo XVII, pues recuperó del olvido a la vieja manta del Tepeyac que pintara Marcos Cipactli y que selló la “antigua pacificación”, para ahora usarla con un propósito oscuro al convertirla en el “símbolo de la idolatría colonial”. Fue a partir de entonces, que la población inculta y adoctrinada se olvidó de lo que realmente significaba el Códice Guadalupano y lo comenzó a tomar LITERALMENTE como un objeto milagroso al cual venerar como prueba de la aparición de la “madre de Dios”, algo que irónicamente los anahuacas del siglo anterior no habían hecho, pues de lo único que si hay constancia es que las sociedades modernas de la Colonia y del México independiente son las verdaderamente fanáticas e idolatras y no así las poblaciones originarias mexicanas como falazmente se les acusa de haberlo sido.

Es importante señalar en honor a la verdad, que también hubo excepcionales casos, donde propios miembros del clero de la Colonia, manifestaron su total desacuerdo en tener que mentirle al pueblo novohispano y estuvieron en contra de inventar supuestas apariciones divinas en el Tepeyac. Algunos incluso se opusieron tan abiertamente al engaño del “Mito Guadalupano” que dejaron constancia documental y muestra de ello, es la declaración de Fray Francisco de Bustamante, quien textualmente dice así en uno de sus escritos:

“Si se trata de apartar a los indios de la Idolatría, ¿por qué se les obliga a los indios a adorar a la Virgen de Guadalupe pintada apenas ayer por el indio Marcos Cipac?”

Se conserva un escrito que data de 1556 donde Fray Francisco de Bustamante detalla al Virrey que el “Manto de la Virgen de Guadalupe” fue pintado por el indígena Marcos Cipac (tli). Otros religiosos que se negaron a difundir la mentira de la aparición guadalupana fueron Fray Toribio de Benavente (Motolinia) y Fray Servando Teresa de Mier. Incluso, hay textos de la época que desmienten el Mito Guadalupano, por citar alguno tenemos la Colección del Fray Juan de Torquemada intitulada como “Monarquía Indiana”, donde se puede apreciar que no se habla de ninguna supuesta aparición en 1531 (pues no la hubo, solo fue un Concilio para negociar el fin de la guerra) e incluso precisa que el origen del nombre de Guadalupe es en honor a la virgen de los fanáticos Colon y Cortes, el texto dice:

“… nuestros primeros religiosos en el Tepeyac edificaron una iglesia a la madre de Dios en su advocación extremeña (es decir, venida de Extemadura), la Virgen de Cristóbal Colon y de Hernán Cortes, Nuestra Señora de Guadalupe”

cc3b3dice-escalada-aclarado-e1386899310359

Otros hombres prominentes e intelectuales más contemporáneos, que denunciaron la mentira de la aparición Guadalupana fueron Joaquín García Icazbalceta y el monseñor Eduardo Sánchez Camacho obispo de Tamaulipas, quien dicho sea de paso fue amenazado de muerte en múltiples ocasiones por su atrevimiento de tirar abajo el Mito Guadalupano, al grado que se vio en la necesidad de abandonar el país y huir hacia Estados Unidos 1895. En una de sus declaraciones antes de refugiarse en el extranjero, el obispo dijo:

“… declaro con toda sinceridad que no es mi capricho el que defiendo, sino la vergüenza que me da el haber pertenecido a un gremio de obispos que se empeñan en sostener e imponer una cosa falsa a todas luces… es falso que la madre de Cristo se haya aparecido en el cerro del Tepeyac, es absolutamente falsa la aparición guadalupana, la pintura que ahí se veneraba como si fuera obra de los ángeles ha desaparecido y ha sido sustituida por una nueva que el ilustrísimo Abad Florentino Plancarte mando pintar para sustituir aquella otra que estaba casi totalmente destruida, es vergonzoso imponer a los pobres indios analfabetas una falsa creencia y hacerles gastar el miserable producto de su diario día de trabajo en venir a adorar un trapo viejo en el Tepeyac”

Estimados lectores, no queda más que exhortarlos a que ciertamente solo los mexicanos y NADIE MAS, les corresponde el reservarse el derecho de considerar al “Lienzo Guadalupano” como una reliquia nacional “venerable” o una simple pintura religiosa, PERO si alguien la considera venerable, que NO LO HAGA POR EL MOTIVO EQUIVOCADO, pues no se trata de la supuesta prueba de la aparición MILAGROSA de una “tropicalizada Virgen católica”, en todo caso, esa ya desgastada pintura en el Tepeyac que retrata a una afligida y amorosa mujer morena (hay quienes aseguran que se trata del retrato barroco de la princesa Tecuichpo, hija del tlatoani Motecuhzoma Xocoytzin), debe ser vista como una CARTA INDÍGENA virreinal que evitó de alguna forma que más personas inocentes fueran asesinadas y martirizadas por el tiránico yugo colonizador, ahí es justamente donde reside lo “venerable” de la imagen de la Virgen Morena, en que sirvió (momentáneamente) de “balsa” para salvar muchas vidas y dar tiempo a nuestra cultura de resguardar el conocimiento ancestral bajo nuevas formas, ese es el GRAN VALOR del “ayate de Juan Diego Cuauhtlatoatzin”, el haber “relentizado” en cierto modo el genocidio cultural del Anahuac por tratarse de un desesperado intento de PACTAR EL FIN DE LA GUERRA bajo cualquier precio entre los heroicos primeros mexicanos y la hostil corona española.

No obstante, por otro lado dejamos a la conciencia de cada quien decidir si es correcto rezarle a una imagen inanimada con forma humana por más “bella” que esta pudiera resultar; sin embargo, lo que NO tenemos permitido como hombres conscientes, es el dejar de denunciar que es una inmoralidad y un atentado contra la humanidad, la oscura empresa de algunos jerarcas de inculcar en las mentes y corazones de los mexicanos de hoy, las mismas ciegas creencias colonialistas de siempre basadas en MENTIRAS CRUELES y FANTASÍAS PERVERSAS, mismas que nuestros propios ANCESTROS NO CREYERON y COMBATIERON.

Guadalupe5

Preguntémonos qué se gana siendo esclavos mentales de imágenes falsas e idolatrías que lejos de acercar a los buenos mexicanos a la verdad y “al Cielo” que se merecen, los acercan más a la barbarie fanática y “al Infierno” (de la ignorancia). No seamos cómplices de la debacle espiritual de nuestro pueblo, si nuestros “Viejos Abuelos” vieron en el manto guadalupano una oportunidad para salvar algo de su valioso conocimiento no los juzguemos mal, mejor cuidemos que no seamos nosotros los que vengamos a destruir todo ese gran esfuerzo de siglos.

Si en verdad hay CONOCIMIENTO ESCONDIDO y valioso en el “ayate del Tepeyacac” que nos dejaron nuestros sabios ancestros, pues RETIREMOSLO DEL ALTAR CATÓLICO y llevémoslo a DONDE DEBE DE ESTAR, en nuestro gran Museo Nacional de historia como parte de nuestro legado cultural. Extirpemos ya, el mensaje “dibujado” solo para ojos preparados, que nos dejo Marcos Cipactli y Juan Diego Cuauhtlatoatzin en esa vieja tela de limo y cáñamo y dejemos de cuidar “el cofre en vez del tesoro”, al “inerte cascaron en lugar de la vida”, “a la mascara en lugar del rostro bajo de ella”, ya no veneremos mentiras, mejor veneremos verdades, salgamos del hechizo, entendamos de una buena vez que el Manto Guadalupano es el pacto roto de una promesa de paz que nunca le llegó a nuestros Viejos Abuelos y que lo único sagrado en ese viejo ayate no es su presunto “origen divino”, sino su olvidado mensaje venido de un mundo en agonía que a gritos pedía una esperanza a la cual aferrarse (y lo logró).

506_guadalupe0_

Valoremos ese sacrifico de Marcos Cipactli y Juan Diego Cuauhtlatoatzin depositando respetuosamente su piadosa obra en el lugar al que pertenece, en un honorable museo, y dejando atrás idolatrías y cadenas mentales del oscuro virreinato, despertemos a Nuestra Verdadera y Ancestral Fe del Anahuac, la que NUNCA necesito de apariciones divinas para ser real y hermosa.

***

“A la gloria de esa antigua sociedad de grandes poetas, matemáticos, filósofos y guerreros que añoraban una vida entre Flores y Cantos y una muerte al filo de la obsidiana”

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s