Consejos de una madre “mexica” a su hija

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Era muy sagrada y venerable la labor que los padres mexicanos sentían al momento de educar a sus hijos (“tlacahuapahualiztli”) en el seno del hogar (“Chantico”), pues antes de que estos últimos fueran enviados a las escuelas de las ciudades, la cultura del Anahuac consideraba que eran justamente los padres “los primeros” maestros de los niños y era en consecuencia su obligación moral, como sus amorosos instructores, el darles buena crianza desde muy edad temprana, o como ellos mismos decían en sentido figurado “colocar frente a un gran espejo a sus hijos para que se miraran reflejados en el”, para que de ese modo se conocieran a si mismos y aprendieran a “humanizar su querer” y gobernar su mente y emociones.

Por lo anterior, es indudable que la inmejorable manera de medir el nivel de avance en una sociedad es precisamente conociendo el tipo de moral y ética inculcada en sus habitantes, pues más allá de los avances científicos y tecnológicos, la base en la que se apoya el progreso y éxito de cualquier sociedad está en su sistema de valores, pues son éstos los que garantizan la pervivencia y determinan el Grado de Evolución en la consciencia de las personas.

Así pues, de nada sirve en una sociedad contar con un desarrollo amplio de la CIENCIA sin un desarrollo a la par de la CONCIENCIA, como fue el caso de la Europa Medieval y sus coronas imperialistas, que a pesar de contar con importantes y respetables avances en su Ciencia (misma que no era propia sino que heredo casi enteramente de parte de Asia y Egipto), en lo que respecta al nivel de consciencia de sus reyes y habitantes en general, podríamos decir que se encontraba en un nivel propio de bárbaros y cavernarios dignos de los albores de la Humanidad.

De tal modo, es licito afirmar en base al tipo de educación que recibían TODOS LOS NIÑOS Y JÓVENES del Anahuac, que aquí en nuestras tierras, no solo se vivió un formidable avance científico en muchos campos, sino que también se contó con una superior forma de pensamiento, es decir, existió un equilibrio y una reciprocidad perfecta entre el grado de Conocimientos y SU USO, pues el sistema de valores del Anáhuac siempre camino de la mano con el avance de la ciencia.

Tal era el alto grado de civilidad presente en los actos de los primeros mexicanos, que se podría aseverar sin temor a exageraciones que en muchos aspectos de la vida cotidiana, nuestros “Viejos Abuelos” aspiraban siempre a practicar un comportamiento cercano a la perfección, pues desde el individuo más humilde en los campos de cultivo hasta los abocados a gobernar en los palacios, todos ellos y sin excepción, por exigencia del Estado presidido en el “Huey Tlatocan” debían recibir educación escolar; es decir, el Antiguo México, fue la única región del planeta en el siglo XV que se preocupó por la educación integral de toda su población, al grado que instauro leyes donde HIZO OBLIGATORIA Y UNIVERSAL LA EDUCACIÓN, quedando garantizado el paso por los colegios y academias de todos y cada uno de sus habitantes desde la corta de edad (siendo estas escuelas universales el “Telpochcalli”, “Cuicacalli”, y “Calmecac”).

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Es por ello, que del Anahuac no nos podemos referir como una Civilización fallida, sino como una Civilización invadida, truncada, hostilizada por extranjeros, que dejo de existir físicamente no por falta de los suficientes y meritorios avances científicos y morales, sino a causa de las barbáricas coronas europeas que asolaron y conspiraron contra los pueblos de nuestros ancestros. Que de haber sido de otra manera, ahora mismo estaríamos hablando de que el Anáhuac (América), hoy por hoy, en base a sus méritos propios e irrefutables de su pasado, sería sin duda, en la actualidad la porción del mundo MAS AVANZADA TECNOLÓGICAMENTE Y MORALMENTE, algo que desafortunadamente sabemos que no es así, porque el erróneamente autonombrado “Viejo Mundo” vino a infectar y derrumbar la sublime sociedad que representó el Anáhuac antes de 1521 y que fue producto de milenos de evolución, que en menos de un siglo fueron eclipsados por el “acero” de las espadas y los “maderos” de las cruces europeas.

No obstante, como mexicanos del siglo XXI, debemos enderezar nuestros rostros y corazones, y recobrar la fuerza y dignidad que nos viene en la sangre, para hacer de este país México el “paraíso terrenal” y EJEMPLO MUNDIAL que alguna vez fue, cuando fue habitado por personas honestas y amables, lo mismo que gobernada por líderes cultos y sabios. Es por lo anterior, que en la presente publicación nos alegra poderles compartir un pequeño pedazo de lo que fue aquella tremenda calidad moral de antaño que atesoraron en sus mentes y pechos nuestros antepasados.

No haremos tregua en insistir, que el tipo de CONSEJOS QUE LAS MADRES DABAN A SUS HIJAS en el Antiguo Anahuac, no son de ninguna manera palabras ni consejos caducos o anacrónicos, pues estos mismos códigos morales funcionaron y ennoblecieron a la sociedad DURANTE MILENOS y fueron el eje rector de conducta de nuestras primeras mujeres mexicanas, quienes siendo “aquellas feminidades” igual de mortales y de carne y hueso como las actuales, supieron llevar muy en alto el sagrado papel de “mujeres de la tierra y madres del pueblo”.

La insipiente y muy joven cultura actual “americana”, no va más allá de 500 años de edad, por lo cual es imposible afirmar que el tipo de valores que nuestra sociedad en conjunto tiene al día de hoy, sean en verdad los correctos y los que garanticen la forma ideal de la convivencia humana. Se podría decir en contra, que el futuro tecnológico parece prometedor para la Humanidad, pero de nada nos va servir el poder sobrevivir otros 500 años más y librar a la patria de futuros genocidios (mismos que en su momento nuestros ancestros no pudieron superar) si como pueblo no tenemos VALORES Y UNA ALTA ÉTICA en igualdad con nuestra “deslumbrante ciencia actual”, pues a diferencia de nosotros, los Viejos Abuelos Mexicanos lograron algo más valioso y que a la fecha no hemos podido equiparar a pesar de que seguimos vivos como sociedad, ELLOS SE CONSERVARON HUMANOS desde el origen y hasta el último momento de sus vidas y eso es infinitamente más meritorio y digno de reconocerles como Civilización, que el empuje de sobrevivir por siglos y siglos, pero ya siendo todo menos un “pueblo” humano.

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Ahora bien, luego de esta introducción, pasemos a la versión recogida desde las fuentes escritas, del tipo de consejos que las madres de Anáhuac daban a sus niñas y adolescentes. Pedimos, que no sea esta una lectura mas, superficial y tomada deportivamente, sino que sea leída y comprendida a profundidad para que retomemos la moral correcta que nos heredaron los Viejos Abuelos y la llevemos hasta el seno de nuestros hogares, los cuales son los ÚNICOS Y REALES refugios protectores de nuestras pequeñas niñas y jovencitas mexicanas, siempre ambicionadas y acosadas por la cultura actual llena de trampas e ideas corruptoras. Cabe mencionar que los Consejos que compartimos a continuación, fueron tomados de una fuente histórica confiable siendo ésta, la “Colección de documentos para la Historia de México, de Ternaux-Compans” pag. 132. Sin más, aquí les dejamos estas bellas “palabras floridas” que no hacen más que reafirmar la razón del por qué las MADRES Y MUJERES del Anáhuac  eran (y son) sagradas en verdad:

(Inicio del Texto)

CONSEJOS DE UN MADRE MEXICA A SU HIJA

“Hija mía, yo te he dado el ser, te he criado y alimentado; el honor de tu padre se refleja sobre ti; si no cumples con tu deber no podrás vivir con las mujeres honradas, y nadie te querrá por esposa.

No se vive en este mundo sino con harta pena y trabajo; las fuerzas se agotan y es necesario servir al Dador de la Vida para que nos ayude, nos sostenga y nos conceda la salud.

Conviene que seas activa y cuidadosa para adquirir lo necesario. Querida hija, evita la pereza y la negligencia, se limpia y laboriosa, cuida tu casa, haz que reine en ella el orden, que cada cosa ocupe su lugar y de este modo sabrás cumplir con tu deber cuando te cases.

En cualquier parte que te halles, respeta el pudor; no andes demasiado ligera, ni sonriendo o mirando a los hombres que pasan cerca de ti: atiende solo a tu camino, de este modo adquirirás reputación de mujer honesta.

Cuida de hablar convenientemente, cuando se te haga una pregunta, que tus respuestas sean cortas y claras.
Cuida de tu casa, haz labor, trabaja: si así lo haces, hija amada mía, merecerás poseer lo necesario para poder comer y vestir, serás dichosa y darás gracias al Dador de la Vida de haberte dado los talentos necesarios a la mujer.

No te dejes dominar del sueño y de la pereza, no permanezcas demasiado en la cama, a la sombra o al fresco, pues te harás floja y aun libertina, y no podrás vivir con honor y convenientemente. Las mujeres que se entregan al libertinaje en realidad no son amadas ni apreciadas.

Que estes sentada o levantada, andando o trabajando, tus acciones y pensamientos han de ser loables; cumple con tu deber y así agradaras al Dador de la Vida y a tus padres.

Cuando te llame acude a la primera vez, para ver lo que de ti deseo, evitándome el disgusto de castigar tu pereza y tu desobediencia.

Escucha con cuidado las ordenes que se te den, no respondas mal; y si no pudieres hacer lo que se te manda sin faltar al honor, excúsate políticamente, pero no mientas y no engañes a nadie, porque el Dador de la Vida te ve.

Si oyes llamar a alguno y no acude pronto, apresúrate tú a presentarte y haz lo que se quiera que el hiciese. Con esto conseguirás ser amada por todos.

Si te dan un buen consejo, aprovéchale, no le desprecies para que no pierdas la estimación del que te lo da. 
Que tu modo de andar no sea ni demasiado apresurado, ni deshonesto, pues pasaras por una mujer ligera.

Se caritativa, no odies ni desprecies a nadie, no seas avara, no interpretes las cosas en mal sentido, no tengas envidia del bien que el Dador de la Vida le concede a otros.

No hagas daño a nadie para que no se te haga, evita el mal, no sigas las inclinaciones de tu pasión porque podrías engañarte, caer en el vicio y causar tu vergüenza y las de tus parientes.

Evita la amistad de los mentirosos, de los perezosos, y de las mujeres de malas costumbres porque ellas te perderían.

Ocúpate de tu casa, no salgas de ella para divertirte, no pierdas tu tiempo en los mercados, en las plazas y en los baños públicos, pues de este modo se pierde la mujer y se hace viciosa, porque solo se nutre de malos pensamientos.

Cuando un hombre atrevido trate de dirigirte la palabra, no le escuches, no le mires, guarda silencio y no le hagas caso, si te sigue no le respondas, para que tus palabras no exciten su pasión. Si no le prestas atención dejara de seguirte.

No entres sin necesidad en casa ajena, para evitar que de ti se murmure.

Si vas a ver a tus parientes hazles presente tu cariño; no seas perezosa, toma parte en el trabajo que traigan entre manos, si puedes hacerlo, y no permanezcas mirando a los que lo hacen.

Si escoges esposo, amale, escúchale, respétale, haz con gusto lo que te solicita, no vuelvas la cabeza cuando te hable, y si te dijera alguna cosa desagradable, procura sobreponerte a la pena. Si vive de tu dote, no por eso le desprecies. No seas caprichosa, porque ofenderías a tu marido y perderías su cariño. Dile con dulzura lo que creas conveniente, no le dirijas discursos ofensivos delante de los demás, ni aun estando frente a tus hijos, pues tú serás la que cargue con la vergüenza y el desprecio.

Si viene alguien a visitar a tu marido, recíbele bien y dale señales de deferencia.

Si tu marido no se conduce convenientemente, dale buenos consejos para que lo haga y tenga cuidado de su casa.

Vigila cuando se trabaja en tus posesiones y huertos, procura presenciar la recolección y no descuidar nada.

No seas tirana de tu hogar, ayuda a tu marido de sus quehaceres, de este modo no carecerás de lo necesario y podrás atender la educación de tus hijos.

Hija mía si sigues mis consejos, serás querida y estimada de todos. Al dártelos con mi deber de ser madre; siguiéndolos serás dichosa. Si otra cosa sucede será por tu culpa; el tiempo te hará arrepentir de no haberme escuchado, sin que pueda argüírseme de no haber cumplido el deber que tengo de aconsejarte como madre”.

(Final del Texto)

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***

“A la gloria de esa antigua sociedad de grandes poetas, matemáticos, filósofos y guerreros que añoraban una vida entre Flores y Cantos y una muerte al filo de la obsidiana”

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